Recientemente en un almuerzo me comentaron que un familiar cercano que había fallecido fue sepultado en uno de esos inhóspitos e impersonales "cementerios privados" que trajo la ola nórdica como novedad para no dejar huérfano de márketing al más allá. Detesto esas modernas praderas fúnebres más parecidas a un campo de golf que a un cementerio. Nada tiene relieve, las almácigas de hierbas de vivero florecen tan ordenadamente que parecen un set para algún film de Disney Channel. La muerte pasa anónima en esos pastizales con azafatas que importunan constantemente ofreciéndonos servicios de catering, té, café y hasta bebidas alcohólicas, como si uno hubiese salido de picnic. Nada alude a dolor y muerte, los finados se convierten en los "seres queridos" para evitar evocarlos con nombres y apellidos. Los mismos sitios ostentan títulos casi ridículos como "jardín" al que sólo parece faltarles los crisantemos y enanos de yeso; "parque de la serenidad" que es el título más propio de un spa, "memorial", como si fuese el asiento contable de un balance financiero.
Los muertos allí "descansan" como si mañana despertarán, se cepillarán los dientes y vendrán a tomar mates con los deudos, que por supuesto, jamás se deben mencionar con ese título, ¿para qué están las palabras más decorosas como "allegados" o "visitas"?
Todo, desde el arco de la entrada hasta la oprobiosa extensión de césped (que debe de ser artificial, como todo allí…) y las minúsculas fichas señaléticas con el nombre del difunto, todo me resulta odioso y absolutamente repulsivo. Esa sistemática domesticación de la muerte a través de alusiones indirectas y un romántico retorno a la naturaleza profundizan la sordidez del miserable destino humano. Lejos de amortiguar el dolor y la consternación que produce naturalmente cualquier muerte, estos boliches funerarios amplifican la señal y la mecanización comercial que impera en todas las operaciones y movimientos de esos "parques" la hace casi deshonesta, en el sentido más lúgubre de esta palabra.
Desde pequeño, cuando decían "parque" inmediatamente mi mente asociaba con un sitio de diversiones lleno de juegos y tómbolas para ganar chucherías. Sospecho que los ejecutivos de mercadeo de estas empresas también lo saben, e intentan anestesiar mi dolor haciéndome creer que iré a subir a la calesita en lugar de rendir el póstumo homenaje que se merecen los muertos que enterramos con pena y amargura.
Mis grandes amigos Coriolano Fernández y Lala Galatti, ambos profesores de filosofía de la UBA, me aseguraban la semana pasada, sentados en un bar frente a una napolitana con albahacas, que yo también tengo un alma inmortal. Me niego a aceptar esa calumnia.
Se aproxima el inicio del 2010, año emblemático para la Argentina ya que concita el interés de rememorar la Revolución de Mayo, punto de partida institucional de nuestra Patria. En otro momento, en un foro, propuse a los colegas escritores, artistas, historiadores e intelectuales comentar públicamente qué está haciendo cada cual para celebrar estos 200 años de vida independiente, con todos los matices y cautelas que esto pudiere generar en el amplio abanico ideológico que todos conocemos.
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Por mi parte comento que estoy escribiendo una novela de ficción histórica sobre Mariano Moreno, el malogrado líder intelectual de la Revolución de Mayo. Basta hurgar un poco en los libros de historia para asombrarse revisando las huellas de nuestro pasado social, muy lejos de las recreaciones escenográficas que nos enseñaron en la primaria, con una Revolución reducida a paraguas, negras mazamorreras, señores de levitas y damas con miriñaque paseando frente al Cabildo.
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Nunca nadie me explicó por qué el Cabildo, qué función tenía este edificio que nos hacían dibujar entre lazos, cintas azul y blancas y frases tautológicas. Las insignes revistas “educativas” Billiken y Anteojito fomentaban esta kermesse patria llena de pintoresquismo de postal y casivacía de contenidos. La historia según san Mitre, siguiendo la tradición liberal, se ocupaba de explicar los hechos por medio de figuras de próceres y obviamente los personajes incómodos como Moreno pasaban a desempeñar roles de figurantes como esos soldados de los coros de ópera que se mantienen firmes y mudos sirviendo de relleno al decorado que necesitan los protagonistas. Mariano Moreno fue el indiscutido líder intelectual de la Revolución de Mayo, pero su extremismo digno de los cordeliers que proponía llevar los cambios hasta sus últimas consecuencias económicas y sociales, no convenía al relato de Bartolomé Mitre cuya línea de libertad liberal todos conocemos si vivimos los tiempos de Martínez de Hoz y Menem y tenemos un poco de memoria.
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¿Han visto, amable lectora, querido lector, lo importante que sería debatir ideas en este año emblemático? ¿Qué aportes hizo Corrientes a la Revolución de Mayo? ¿Cómo nos afectó? Por desgracia, hasta que viví en Corrientes, todos los textos canónicos de historia correntina siguen la misma línea de una sucesión de héroes y próceres que “explican” nuestra evolución histórica; pocos autores rozan siquiera el análisis de los medios de producción económica y su influencia para determinar acciones políticas; es como si ingenuamente creyésemos que Corrientes se mantuvo firme gracias a benefactores que cualquier análisis hace dudosos. 70 años de caudillismo de Juan Ramón Vidal no se tradujeron en escuelas, salud pública y adelantos productivos: los textos se enredan en explicaciones de luchas de poderes entre caciques, una especie de riña de comadres de Jockey Club en las que el pueblo está decididamente ausente y los mismos apellidos ruedan como los condenados de los círculos del Dante en un infierno sin principio ni fin.
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Textos, documentos, opúsculos y publicaciones vuelven una y otra vez con la misma historia de una camarilla de comandantes con la visión miope de capataces de estancia perpetuando un feudalismo decadente y canalla.
Estos 200 años son una excelente ocasión para volver a revisar el tema de nuestro pasado común, breve pero accidentado.
Alejandro Maciel, ENERO 2010.
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El Cristianismo está detrás de las pistas de un crimen perfecto. Dios es el asesino. Si consintió que se matase a su Único Hijo para purgar los delitos del vecindario, ¿por qué habría de tener más indulgencia con nosotros, que sólo somos sus bastardos?
¿Sabía usted, curiosa lectora, amigo lector que todos guardamos en lo hondo de la mente algún residuo de pensamiento mágico?
¿Qué es el pensamiento mágico?
Es una forma de interpretar la realidad basándonos en ideas fantasiosas, mágicas. Por ejemplo, la señora que entra en sobrepeso y empieza a detectar los signos de la celulitis, ve por TV una propaganda que le promete bajar 10 kilos tomando sales, esencias vegetales traídas de la India (el exotismo vende porque siempre lo que está lejos es más desconocido), un cinturón que basta ponerle pilas y hace gimnasia por usted… esta noble señora que cree en todo cuanto ve en los anuncios embarga un sueldo de su esposo comprando estas chucherías para terminar comprobando, un mes después, que no rebajó ni un gramo y se quedó con la factura del milagro que deberá pagar (o pagó) en metálico contundente. Ni hablemos de las parapsicólogas que le dicen con quién le anda metiendo los cuernos el marido en las últimas semanas, adivinando a través de naipes que se trata de “una rubia” (como si hoy día quedaran algunas morochas), o los pastores y curas milagreros que imponen manos, venden algún cotillón del arsenal cristiano (agua del Jordán, piedras del Monte de los Olivos, rosarios bendecidos por algún monje un poco santón cuya historia es siempre nebulosa) para sanar los males, curar enfermedades o mejorar la alicaída economía familiar.
Cuesta creer (sobre todo a mí, que no tengo un gramo de fe) que gente mayor, sensata en muchos aspectos de su vida caiga en estas verdaderas trampas de la fe, por miedo, por desesperación, por ambición o por culpas.
¿No sería mejor invertir ese dinero en un tratamiento serio? Muchas veces, también lo reconozco, la ciencia advierte las consecuencias o desenlaces de algunas enfermedades que por desgracia, hasta la fecha no tienen cura, y entonces la gente, desesperada, buscando una solución “más allá de la ciencia” se embarca en proyectos siempre costosos de recetas mágicas, desde la crotoxina, cuya eficacia como cura del cáncer ya ha sido desechada hace tiempo, los gorgojos, la cinta de tal Virgen, las pisadas de san Nicolás.
A veces, tener demasiada fe también es peligroso. Imagínese que se le detecta una grave enfermedad y usted abandona el tratamiento médico para recurrir a una curandera o sanador. Está perdiendo tiempo precioso, el cáncer no se detendrá aunque el sanador se rece 120 rosarios de 15 misterios, no, el cáncer es implacable hasta con los papas, imagínese lo que será de usted. Habrá perdido un tiempo muy valioso, la enfermedad habrá avanzado y cuando de nuevo se acuerde de la medicina, ya será tarde, sólo recibirá el mal pronóstico y se le dirá que se prepare para el desenlace. Entonces vienen las quejas de vecina: “la medicina no sirve para nada”. Etc. etc. etc..
Ya ve, esa base de pensamiento mágico que arrastramos en la mente desde los tiempos en los que éramos poco más que animales, desde la prehistoria, desde los años de las cavernas, ese mismo residuo de pensamiento mágico se vuelve peligroso cuando estamos desesperados buscando soluciones desesperadas. Hay toda una caterva de vividores/as que especulan con esto, cuando usted cae en sus manos se sirven de su propio dolor para explotarlo, mentirle, estafarlos y en el mejor de los casos quitarle un sueldo, pero en el peor de los casos, le quitan la vida porque haciéndole perder tiempo valioso en la evolución de una enfermedad grave, le sacan la única chance que tiene de sobrevivir haciendo el tratamiento que corresponda.
El doctor Justo Ovelia, conocido sinólogo del
barrio y obsesivo estudioso de las “Técnicas de engarrafar agua mineral (*[1])
entre los beréberes” ha debido de viajar al extranjero y como vive solo
tomó antes la previsión de pedir a mi familia el cuidado de la casa, depositar
algún dinero para solventar gastos durante su ausencia prevista en no menos de
seis meses y dejarme una escueta saluda caligrafiada agradeciéndome resolver
cualquier situación “de índole judicial o policial” que pudiera presentarse en
este lapso. Siempre me sorprendieron las reacciones de mi vecino pero este
supuesto allanamiento de la gendarmería forense en casa de un inofensivo
solterón me produjo cierta zozobra no exenta de curiosidad.
Que una patrulla de la comisaría decidiera
súbitamente agraviar con sospechas el domicilio de un hombre que vive
estudiando el rotulado de la Dinastía Shang
y las diversas manipulaciones previas al envasado de agua bajo los diferentes
sucesivos califatos me parecía propio de una mentalidad obtusa, muy lejos de
las previsiones de mi ilustre aunque anónimo vecino.
Entre las discordes y tenuemente
contradictorias directivas que nos adscribió figuraba una inspección ocular
(así lo dejó escrito, como si yo o mi familia fuésemos a tantear mobiliarios y
enseres en la oscuridad) de toda la casa cada diez días. En una de esas
excursiones por la mansión, que es amplia, tiene dos plantas y quizás unas
veinte habitaciones que ocupan alternativamente el doctor Ovelia y su gato al
que llevó consigo librándonos de la fastidiosa tarea de cuidarlo, ya que se
trata de un cuadrúpedo áspero y lesivo, encontré el escrito que figura bajo el turbador
título de “Encomio de los cuernos”; panfleto que supongo traducido de alguna
homilía procaz al uso oriental o de quién sabe qué fuente tan original como la
del pecado. Pongo las manos en el fuego en nombre del sinólogo a quien
conocemos desde que nos mudamos al elegante barrio “Las Gardenias” hace unos
veinte años. El doctor Justo, justo es decirlo, se aplica con insistencia casi
malsana a los dictámenes de su ética protestante y jamás condescendería a
redactar algo nocivo o con intenciones aviesas o traviesas.
Aunque milito en el cursillismo católico, me
considero una especie de revisionista dogmático y la copia y divulgación de
este curioso documento no zahiere mi alma inmunizada por el salterio y el Libro
de Job. Queden en paz los doctores de la Iglesia; todas las vírgenes que soportaron con
ahínco el asalto de sus pudores por parte de (casi siempre) lúbricos italianos
en tiempos del Imperio; descansen en paz
castos y legales concúbitos que jamás mancillaron los ajuares domésticos con
intromisiones de terceros o terceras. Quede en tranquilidad todo el mundo de
los probos contra esta prueba activa de la canallería sensual elevada a misión
redentora por quién sabe qué oscuro oriental pervertido de ojos y moral
oblicuos. No me mueve más que la curiosidad y el sentido de la solidaridad al
propagar esta advertencia. Vaya la prédica para amonestación de los justos ya
que el inicuo, con pasión contumaz, jamás se dejará persuadir acerca de las
ventajas de la vida conyugal libre del león del adulterio. Ignoro con qué
intenciones el doctor Justo Oveliarecopiló esta pancarta malsana ya que nadie más libre que él, soltero
consuetudinario, de las acechanzas de la infidelidad conyugal. Tal vez fue
estafado en su buena fe y lo compró, como suele hacerlo, en un bazar magrebí a
un buhonero que lo anunciaba como reliquia autógrafa del Emir de Tesalónica. Quizás
abonaba la intención de hacérmela llegar o propalar entre los vecinos pacíficos
el libelo adulterino para advertir el peligro. Adulterado en sus formas, ya que
no me pude resistir a retocar el estilo decorativamente gentil que usaba el
autor, lo doy a la prédica de todos, que es la forma más sencilla de decir
nadie.
“”Supo el sabio Ab-ahl-ami que entre los
axiomas del difundo Euclides Geómetra figuraba uno que enunciaba que “dos líneas paralelas jamás se cruzaránaunque se las prolongue hasta el infinito”
y, contra tal precepto que confirma la razón hasta del hombre más torpe, por
ser evidente en sí mismo sin requisitos de demostración, se alza la voz de un
Imán, un pastor, un Papa o un Pope quienes, amparados en rutinarias escrituras
anónimas, quieren cruzar dos destinos y no conforme con hacer de ellos una
cruz, reclaman atarlos de por vida hasta el infinito.
Lo que no puede la Geometría –ciencia de
las mediciones demostrables- lo quiere la Teología, ciencia de las afirmaciones
indemostrables.
El lazo matrimonial asfixia por igual al
hombre y a la mujer. Basta repasar con neutral criterio la historia entera para
saber que los amores más apasionados nacieron y ardieron lejos del lecho
conyugal. La alcoba marital es el patíbulo de cualquier pasión, por ardiente
que fuere. El sexo se sustenta en las sombras, respira en la clandestinidad, se
abona conel fermento del anonimato o la
ocultación. La posesión anatómica del cuerpo ajeno se basa en el vil traslado
del derecho a la propiedad privada extendido indebidamente al dominio físico de
otra persona y si reaccionamos enfáticamente contra la esclavitud, ¿por qué nos
resignamos a seguir pasivamente con la mala costumbre de atar la gente de por
vida en yuntas como si fuesen bestias de tiro? ¿No constituye otra flagrante
forma de mita, encomienda o yanaconazgo cívico-sexual esta donación de nuestra
libertad individual más íntima; esta capitulación de nuestra patria-potestad
erótica?
Yace hace milenios la sensualidad humana
sepultada bajo la lápida del consorcio marital. Miles de hombres y mujeres se
agostan inútilmente siguiendo la receta ajada de la fidelidad al vínculo dual
amparándose en la cuestión material de la propiedad privada. El razonamiento
que sustenta esta hiperbólica costumbre social degenerada en jurisprudencia
podría resumirse de este modo: Toda persona es mortal, soy persona: luego,
moriré y mis bienes quedarán bajo la custodia de mis hijos. Si soy fiel tendré
la seguridad de que mis hijos son míos y así, el arduo esfuerzo de mi trabajo
no beneficiará a un extraño.
Analizando bajo sospecha este razonamiento
comprobaremos que sólo tiene vigencia para la mujer y descansa en un cálculo
materialista y mezquino. Ya está dividiendo la sociedad entre “mis hijos
legítimos” y “los otros”. Como es costumbre ancestral, deposita los deberes en
la mujer y los derechos en el hombre. La fidelidad del esposo no es fundamental
para asegurar la paternidad y esto culmina en la doble vida que todos sabemos
llevar y callar entre caballeros. Pero aún si la mujer decidiera quebrantar
esta norma anormal y devinieran frutos foráneos en la casa familiar, ¿no
estaríamos cumpliendo el ideal que el finado Platón programó en su “República”?
Los hijos serían un bien público al que todos deberíamos prestar asistencia obligatoria
ya que el niño rollizo de la vecina que alguna vez visitó mi lecho bien podría
ser mi progenie, como así también lacándida
escolar que cada mañana me saluda creyéndome un simpático conocido cuando soy
nada más y nada menos que su padre biológico aunque ambos lo ignoremos.[2]
De esta manera desaparecerían los niños de la
calle por los que tantas ONGs, fundaciones y fundiciones laboran en
confortables oficinas acondicionadas imprimiendo folletos con instrucciones
sociales, elaborando estadísticas, arduas investigaciones acerca de causas y
consecuencias sin dar con la salida al laberinto de perdición que es la calle
en la que cada vez más y más niños y niñas adquieren destrezas poco
recomendables.
Decir fidelidad es contradecir celos, ese
castigo antediluviano de la raza que amargó más de una vida decente con la
sombra de la sospecha elevada a hipóstasis de la existencia. En la mente de
quien padece celos la coyunda sexual pasa (para exponerlo en términos
aristotélicos) de la potencia al acto en cuestión de segundos y todos sabemos
entre caballeros lo arduo que resulta a veces pasar al acto por falta de
potencia cosa que nuestras esposas/dueñas/amas ignoran en su imaginación
facinerosa. Esposa que no sospecha de su mejor amiga, tiene ojos torvos para
con nuestras colegas de trabajo, las vecinas, las ex camaradas de colegiatura,
ni qué decir de las secretarias o auxiliares de cualquier índole. Nada escapa
al ojo suspicaz de quien duda metódica y cartesianamente de la fidelidad. ¿No
será una incubación de su propia mente
deseando caballeros ajenos lo que hace suspicaz a las consortes sin suertes?
¿No será que recela en el otro lo que desea para sí? Y esto nos lleva a sugerir
que la infidelidad, respetables lectores, anida por igual en hombres y mujeres
aunque unos la lleven sistemáticamente a la práctica y las otras se queden casi
siempre en el camino envenenado de la teoría. Lo que daña el alma es la
intención y ambos por igual son reos de duplicidad que estafa el juramento
nupcial inmortal, que se vuelve inmoral.
Pero, ¿es naturalmente indispensable la
monogamia de por vida? Fuera de los considerandos hipotecarios y sucesorios,
¿fortalece los vínculos sociales o antes bien, es un factor permanente de
sospechas, disputas, rencillas y hasta refriegas
domésticas que no pocas veces culminan en tragedias que estampan las portadas
de los diarios sensacionalistas? ¿Por qué empecinarnos en cargar sobre los
hombros de hombres y mujeres este pesado yugo que ni siquiera Moisés pudo
soportar en las tablas de piedra que, como cuenta la historia si algún judío no
la retorció, terminó arrojándolas al becerro, símbolo de la fertilidad natural
de la raza?
La felicidad queridísimos lectores es en sí,
efímera. ¿Por qué habría de ser eterno el amor que no es más que un estado de
felicidad vivido a dúo? Pasa, ínclitos lectores. Cede su sitio a la rutina, a
la misma mesa, a la misma cama,a las
mismas posiciones anatómicas, al desgaste y la usura de los años.
Y ya que dijimos años, la edad es la piedra
de Sísifo a la que natura nos condenó inocentemente: nada le hemos hecho al
nacer para sufrir la maldición del desgaste, las artrosis, la próstata, la
menopausia, los taponamientos arteriales, la diabetes o la gota. Si algo alivia
al hombre y la mujer en la edad madura es el bálsamo de la juventud, aunque
fuese prestada. ¿Quién, aunque hubiese propasado la barrera de la cuarentena no
se inflama de ardores juveniles junto a una cándida joven de veinte años? Y
Viceversa. Hemos sido testigos de verdaderas resurrecciones hormonales en
señoras cincuentonasque adoptaron un
entenado de veinte. ¿Qué futuro le espera a esta digna señora al lado del
hombre averiado de sesenta años al que las leyes humanas y divinas ataron de
por vida? Este mismo señor deteriorado ya hallará recursos de reparación junto
a una joven mujer de treinta con olor a espliego y salud””.
Hasta aquí la traducción del sinólogo,
siempre metido entre los vericuetos de su conciencia que alberga, como lo
acabamos de constatar, ideas casi subversivas y altamente peligrosas para la
paz social basada en la sagrada familia. Copié la traducción traicionando
alguna que otra frase para seguir los dictámenes del autor tan contrario a la
fidelidad. En cuanto al misterio del doctor Ovelia sigue pareciéndome
sospechosa la aplicación insana que invirtió en trasladar al español esta
receta impía que, de acatarse derrumbaría los muros de Jericó que defienden el
orden, los pilares de la sociedad, la democracia, la participación ciudadana en
la responsabilidad pública, la estabilidad de los títulos bursátiles, las
sociedades de fomento barriales, las cooperadoras escolares y quién sabe
cuántas cosas más que podrían averiarse si malgastáramos el bien ganancial que
es la base del capitalismo. No sé qué otra excusa agregar para silenciar mi
conciencia y, en consecuencia, la del sinólogo.
Ya saben qué esperar de ahora en más de un
hombre que vive con un gato.
____________________________________________
[1]
(*) ¿Existe agua animal? Valga el pleonasmo del escrito pero no mis dudas.
[2]N de A:
Curiosamente, los culebrones venezolanos vienen insistiendo hace décadas con
este mismo asunto y como los tomamos por banalidades, nunca sospechamos los
lazos verificables (ADN mediante) de las filiaciones anónimas.
El día sábado 8 de agosto de 2009 se presentó el sexto número de la revista/libro "PALABRAS ESCRITAS" en la Feria del Libro de Jujuy. Por invitación de la coordinadora de la Feria, prof. Eugenia Jaldin, el director de "Palabras", Alejandro Maciel, viajó a San Salvador de Jujuy donde participó dirigiendo un taller de incentivo de la lectura para docentes, y posteriormente, a las 19 horas, se presentó el Nº 6 de Palabras Escritas, publicación semestral de Servilibro, de Paraguay bajo la dirección de Vidalia Sánchez. La Feria del Libro de Jujuy se viene realizando desde hace 5 años convocando a lectores, poetas, escritoras y pensadores del NOA argentino a este encuentro de debates y presentaciones.
EN SALTA:
El día 9 de agosto, a las 20 horas en el Centro Cultural de la SEA (Sociedad de Escritores y Escritoras de Argentina) filial Salta, la escritora Lucrecia Cossio presidió la mesa en la que narradores, críticos, catedráticas de la Universidad de Salta, jóvenes escritores y escritoras recibieron al director de "Palabras Escritas", Alejandro Maciel, quien dio a conocer las características de la publicación y convocó a los escritores/as salteños a participar del próximo número de "Palabras Escritas" que saldrá en noviembre, con cuentos ambientados en prostíbulos ya que este Nº 7 vendrá con un adjunto: el libro "Prostibularias II" de cuentos de burdeles. La reunión culminó con una ronda de lectura de poesías de varios autores.
No desespere el pávido lector, la temerosa lectora; no iré a narrar una documentada hagiografía al revés, ni las crónicas inciertas de un personaje inmaterial, ni conjeturas acerca de la supuesta evolución de una idea que, si bien la patentó el Judaísmo al inscribirla dentro de sus memorias, la precede cientos de años si hemos de dar fe a las tradiciones orales y a los pictogramas. No veo objeción alguna para darle crédito en el banco de nuestra malograda mala fe a los ideogramas y pictogramas ya que a fin de cuentas la historia judía también ha sido escrita con signos ordenados y secuenciales; la misma historia humana duerme en documentos escritos que sin embargo gozan de un prestigio inusitado como si ignorásemos que esas mismas palabras usan algunos periodistas con calamitoso descaro para mentir sin un ápice de pudicia desde las redacciones de periódicos que leemos con la misma fe con la que un rabí lee la Torá. Si creemos a unos, ¿por qué negarle el derecho a las tablillas cuneiformes? Si éstas no engañan como algunos periodistas, durante el cautiverio de Israel en Babilonia bajo el gobierno de Nabucodonosor los levitas aprendieron las tretas del astuto Ahrimán contra la complacencia de Ormuz, su anverso benévolo. Desde que empezaron a escribir el Pentateuco los rabís sabían que necesitaban una fórmula para salvar el abismo abierto en su sistema de creencias. En algún momento, alguien de mala índole como yo se preguntaría cómo era posible que un Dios infinitamente perfecto y bueno creara sin embargo un mundo tan visiblemente dañado, decadente e insalubre para el alma humana. En el culebrón mitológico de los Avesta hay agentes alados (ángeles) que se alistan y combaten de un lado u otro de las hordas celestiales.
En el declarado apócrifo Libro de Enoc –o Enoch- quien fuera bisabuelo de Noé hay pérfidos ángeles rijosos que bajan a la Tierra desobedeciendo los mandatos del casto Yahveh para comerciar carnalmente con las señoritas de la zona de Canáan. Nacen hijos espantosos, los nefillims o gigantes que en Grecia serán los secuaces de Deucalión. Pero olvidemos por un momento a la progenie colosal y volvamos los ojos hacia los nombres de los ángeles mazdeos que adquieren ciudadanía judía al entrar por la ventana de contrabando en el Talmud.
Samael, Lucifer, Asmodeo, Belial y Satán fueron cosechados por temerosos rabinos en la Mesopotamia del exilio. Del cardumen maligno hicieron un cuerpo colegiado presidido por Satanás. Al traducir al griego la jauría maliciosa la afiliaron al partido de los “diábolos” que entre los griegos eran entidades menores que no cejaban en el intento de tentar a la gente para acometer pequeñas fechorías como el adulterio que es, por lejos, la más divertida. Como decía un amigo psiquiatra: los judíos inventaron el monoteísmo, la monogamia y la monotonía. Pero dejemos estas cuestiones vecinales y razonemos. El matrimonio nos propone una relación dual ideal en la que cada parte (el marido, la mujer) complementa un todo que restablece la armonía preestablecida según el finado Leibtniz. En el caso del adulterio en esta díada interfiere un tercero/a que viene a romper el frágil equilibrio leibtzniano para canjearlo por el alternador edípico freudiano. Si ya tenemos tres personas distintas y ningún dios verdadero, ahora los satanistas, entre los que no dudaría en alistar al ilustre monsieur Denis de Rougemont[1], quieren convencernos de algo más insólito: en esa relación ya en sí misma complicada de promiscuidad también cooperan demonios. Desoyendo el sabio principio de la navaja occamiana monsieur Rougemont me asegura que además de la trinidad adulterina hay que contar con el demonio instigador; y tal vez algún cadete infernal y de seguir así sumaremos un quinto y un sexto y en un abrir y cerrar de ojos habremos transformado el triángulo edípico en una cama redonda.
Basta hasta aquí este breviario del bellaco. Ya iremos descubriendo sus trápalas en sucesivas emisiones de este boletín, por ahora sigamos escuchando el “Sansón y Dalila” de Saint-Saëns.
Alejandro Maciel
[1] Denis de Rougemont, “La part du Diable, Éditions Gallimard, 1947.
(FRAGMENTO DEL LIBRO "EL TRUENO ENTRE LAS PÁGINAS" -CONVERSACIONES ENTRE AUGUSTO ROA BASTOS Y ALEJANDRO MACIEL, EDIT. INTERCONTINENTAL, ASUNCIÓN, 2001)
...
Alejandro: Habría que ver qué le recuerda la palabra “Agustín”.
Roa: Y bueno, lo primero que me viene a la mente es san Agustín de Hipona. Siempre admiré la inteligencia de san Agustín, creo que es uno de los más brillantes de los doctores de la Iglesia. Y además está todo el tema de su relación con la madre que debe ser interesante para los psiquiatras.
Alejandro: Pobre prójima santa Mónica...¡todo lo que tuvo que sufrir para conseguir un santo en la familia!
Roa: Sí, porque este hijo le trajo sus buenos dolores de cabeza en la juventud. Él mismo lo cuenta, en sus primeras confesiones.
Alejandro: Bueno, sí y no sé si el resto no es pura leyenda, esa historia de su ateísmo, por ejemplo; en realidad él siempre tuvoinclinaciones religiosas, de joven frecuentaba a los maniqueos, y después fue gnóstico...
Roa: Y seguramente templario....
Alejandro: Y protestante, y sintoísta....
Roa: Y también rosacruz...
Alejandro: Y de la secta de Sai Baba....
Roa: ¡Ya entramos a divagar!
Alejandro: No, en serio, desde joven era un fanático deísta, como fue todo el cristianismo primitivo...
Roa: Y San Agustín, para mí, está ligado a su libro “Confesiones”.
Alejandro: Y eso que se escapó de leer “La ciudad de Dios” que viene en cinco cómodos tomos.
Roa: Esas “Confesiones” son muy interesantes. Especialmente las especulaciones acerca de la naturaleza del tiempo. Creo que fue la primera vez que me lo pregunté seriamente. Y es verdad lo que dice, que cuando nadie me pregunta creo que sé qué es el tiempo, pero cuando intento explicarlo, viene la confusión.... era uno de los libros que estaba en la biblioteca de mi tío, Monseñor Roa. Era un anaquel donde estaban todos los libros que el obispo o no sé quién decomisaba a los fieles por considerarlos peligrosos. Al lado de las “Confesiones” de Rousseau, estaba el libro de san Agustín. Seguramente alguien poco informado habrá pensado que todas las confesiones eran peligrosas. Ahí también leí “El contrato social”.
Alejandro: ¿Sabe que Jean Jacques está enterrado en el mismo cementerio que J.L. Borges en Ginebra?
Roa: ¡No me diga!
Alejandro: Sí, lo leí ayer. Y ahí cerquita lo tienen de vecino a Juan Calvino también.
Roa: ¡Qué terceto!
Alejandro: Espere, que falta Ginastera, que también está ahí.
Roa: ¡La congregación suizo-argentina!
Alejandro: Debe ser cualquier cosa, menos aburrido ese sector, ¿no?
Roa: ¡Pero claro! Bastaría un diálogo entre Borges y Calvino. Ese cementerio debe ser poco aburrido, ¿no?
La revista-libro "Palabras Escritas" Nº 6 acaba de ser publicada en Asunción, Paraguay. (Abril 2009)
"Palabras
Escritas" se define como un diálogo cultural entre Brasil e
Hispanoamérica. Contiene material creativo (cuento, poesía,ensayos,
fragmentos de novela, narraciones y teatro) de autores/as
latinoamericanos y comentarios críticos de investigadores/as y
académicos/as que se ocupan de obras y autores latinoamericanos de los
más importantes centros de estudios de Occidente, como las
universidades de Poitiers, Lyon, Valencia, Montreal, Madrid, Bolonia,
Sorbona de París, Rosario, Buenos Aires, Sao Paulo, Ottawa.
En
este nuevo número 6 de "Palabras Escritas", (que es semestral y edita
Servilibro, de Paraguay) la catedrática de La Sorbona, Milagros
Ezquerro, interviene con un minucioso estudio de la narratología de la
novela "Pedro Páramo" de Juan Rulfo, mientras la profesora de la
Universidad de Florianópolis, Salma Ferraz, rastrea las huellas del
"Diablo en la literatura" desde su especialidad, la teopoética. Hay
narraciones de Marcelo Juan Valenti, Pilar Romano, Ricardo Benítez,
Susana Ballaris, Luis Hernáez, Raúl Astorga, Carolina Orlando y Carlos
Morán. Poesías de Pepa Kostianovsky, Florencio Godoy Cruz y Nicanor
Parra. Estudios de la comunicación mestiza, de Fany Trainer, violencia
en Latinoamérica, de Héctor Boleso, poética de la melancolía en
Pizarnik por Enrique Acuña, un estudio de la narrativa de Heránez, por
Vicente Peiró y sobre las poetas cubanas de la diáspora de Aimée
Bolaños.
Una pequeña antología de la poética de Elvio Romero sirve para recordar y homenajear al poeta paraguayo fallecido en 2006.
Obra
creativa de autores Latinoamericanos y crítica especializada de
catedráticos europeos completan esta sexta entrega de esta publicación
que intenta unir los universos creativos de Brasil e Hispanoamérica.
Esta publicación semestral puede adquirirse solicitando su envío a cualquier lugar del mundo a través de esta página:
http://tienda.escribirte.com.ar/
Las colaboraciones a evaluar por el comité de redacción se pueden enviar a:
Cuento para niños canallas (con Amanda Pedrozo, de Paraguay)
Desde Buenos Aires, Argentina
escribiendo
un cuentico
para chicos, con la alegría
de hacerlo con Amanditita
de Paraguay.
En la orilla del mapa del Paraguay existe una ciudad donde nació Mangoré, un
guitarrista muy famoso (tanto que las fotos de Mangoré andan por los teatros y
los libros de todo el mundo) y donde sucedió esta historia que vamos a contar.
En San Juan Bautista de las Misiones también nació un
mita'i que se llama Juan Ángel pero como nadie creería que ese mita'i, que
siempre anda carachento y silba como el Pombero es un ángel, todos en San Juan
Bautista de las Misiones, y hasta en San Ignacio y Ayolas le dicen “Canallita”.
Canallita decía de todo el mundo que no tenía pelos en la
lengua y por eso llamaba a todas las cosas por su nombre. Sin embargo, tenía
callos en la lengua de tanto hablar sin ton ni son. Ton era su amigo de la
escuela, Son era su amigo de la calle. Por ahí andaban juntos a veces pero a
veces no, y cuando a veces no, eran las veces que Canallita hablaba sin ton ni
son.
Un día, el cura Florentín (el mismo que si no toca la corneta, toca el flautín)
mandó llamar a Canallita a la parroquia. Pa'i Florentín le pidió que
le consiguiera un gato, de esos fieros de tan callejeros, lo
quería para que se comiera a los ratones que se reproducían a velocidad
cohete. Había en la parroquia tantos ratones que los fieles que iban a
misa ya no podían comulgar: ¡Las hostias desaparecían en un santi-amén!
-¿Pero porqué los ratones tienen tantos hijos-ratoncitos? -preguntó
Canallita, comiéndose una manzana primero, luego una pera, después una
masita, a medida que el cura iba estironeándole de las manos todo lo
que se llevaba a la boca, aunque ya estuviesen a medio comer. Hay que ver
lo mezquino que era el cura, nadie sabía porqué, ya que todo lo que tenía eran
cosas que le regalaban las mujeres piadosas de la parroquia, ¡hasta las frutas
y su ropa interior bordadas con tanto amor!
-¡Te digo que me traigas un gato! -gritó fuera de sí Pa'i Florentín.
-Bueno, pero quiero saber porqué tienen tantos ratoncitos -insistió Canallita,
que nunca dejaba que le respondiesen con nada.
-Y porque, porque... ¡porque no comulgan y son animales!
-Bueno, pero ¿acaso nosotros también no somos animales? Porque la maestra nos
dijo que los hombres somos del reino animal -le respondió Canallita.
-Eh... sí, pero nosotros somos hijos de Dios, y Dios nos manda los hijos.
Y ahora, ¡quiero un gato! Y no preguntes cosas que son asuntos de los
mayores. La gente se casa para tener hijos, no como los ratones.
-Entonces mi mamá es ratona. Porque no se casa pero tiene 5
hijos. ¿El gato se puede comer a mi mamá?
-¡Fuera! ¡Y traéme el gato, hoy mismo! --
Anduvo dando vueltas Canallita, sin ton ni son. Por no parar de hablar, empezó
a contarles de todo a los ratoncitos que le seguían porque habían escuchado la
conversación con el cura y sabían que la misión del niño era encontrar un gato
para la parroquia. Pensaban intervenir en la elección del gato, con justo
derecho considerando que los comidos iban a ser ellos. Al fin y al cabo, ¡cada
uno elige por quién quiere ser comido! O al menos, así debería ser. Se cruzaron
con cientos de gatos, y como Canallita no paraba de hablar, ya se había hecho
amigo de los ratones, es que le encantaba que le escuchen. Tanto anduvo
rebuscando por las calles de San Juan Bautista de las Misiones que se gastó la
suela de su ojota y el talón se le puso colorado por los picones de hormigas y
las piedras calientes. Pero, ¡no pudo cazar un solo gato atorrante! Cuando los
llamaba, los muy tunantes olfateaban el aire y salían corriendo con las colas
paradas. Pareciera como si adivinaran que Canallita los quería cazar y
seguramente los gatos atorrantes, ya que vivían en las calles, no querían pasar
el resto de sus vidas en la iglesia oliendo velas y con un cura que se pasaba el
día rezongando por esto y por lo otro.
Por otra parte Canallita se preguntaba: ¿Cómo podría
encontrar un gato si continuamente lo acompañaba una comparsa de ratones,
ratitas y hasta ratotas? Era muy extraño eso de sacar ratones de la iglesia,
pasearlos por toda la ciudad y pretender conseguir gatos de regalo. ¡Este cura
pedía cada cosa!
El cura está chiflado
Quiere gatos~sacristanes
Cazados o robados
Los ratones montan guardia
Los viernes y los sábados.
Tanto se cansó de andar y contar que al recostarse en el
fresco de la tarde bajo un lapacho de la plaza grande, Canallita se quedó
dormido.
(El cento continúa, pero para muestra vale el botón) abril 2009. Buenos Aires/Asunción.