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EL ORO DE FAMATINA

/ EL ORO DE FAMATINA / 1. Bernardino Rivadavia, 1837 2. La vieja actiz hoy cherinola (la “Chonga” Olga Ponce) 3. Ventura, la más vieja de las criadas 4. Vicenta, la criada más joven 5. El padre Adán 6. Martín Rivadavia, el hijo menor ACTO 1 Ambiente decadente de la sala de lo que fue una fastuosa mansión. Con ménsulas doradas, capiteles, cortinas de brocato, detalles de un paño de pared hechos en telgopor y colgantes de la parrilla bastarán para insinuar las glorias pasadas del salón hoy derruido. Una gotera insistente caerá como si fuese el péndulo de un reloj que marca el ritmo de la decadencia. Las sillas y el poco mobiliario costroso dejarán ver que la penuria económica ronda a los habitantes. El fondo debe diseñar alguna forma de infinito prolongándose hacia el más allá si fuese necesario. No se requieren recursos fastuosos ni los necesitamos, bastará con agitar la imaginación del visualizador de la obra para conseguir efectos casi mágicos. La decadencia siempre es un modo fantástico de ver el derrumbe propio de todo ser humano que se encamina lentamente a la muerte por más felicidad que consiga acumular durante la vida. Hay una música obsesiva cuando se inicia, algo que fue un minué pero tan deformado como si lo tocase en un teclado de un piano desafinado alguien absolutamente indigno de la música, como yo. (Obra de teatro sobre la vida de Bernardino Rivadavia en el exilio, en Colonia del Sacramento, 1837. Rivadavia fue presidente desde febrero 1826 a junio 1827) Olga viste de un modo algo estrafalario, aún para la época de 1830: sombrero con plumas vistosas, flores, tules, abalorios; ropa de seda negra, boa de marabúes y su risa quiebra cualquier intento de solemnidad. La sala donde conversan tiene aspecto desolado: el mobiliario es viejo, desvencijado, polvoriento; el mantel de la mesa está roído, hay libros desparramados, trastos a medio cubrir con lienzos y telas bastas, gotea rítmicamente agua en una palangana. Rivadavia mantiene el porte orgulloso de quien cree en sí mismo a pesar de todo, habla como si estuviese diciendo un discurso ante una asamblea solemne, ríe discretamente con su vieja amiga, mientras sorbe una bebida que ambos comparten. .....

Por Alejandro Bovino Maciel - 2 de Febrero, 2014, 23:47, Categoría: Escritos
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Las magas en la noche

Dicen las ‘Cartas de Urano’ que la luna es la loba del cielo; entonces estaba en celo, sola. Rutilaba hundida en el calor con su color ajado. Emérita tenía quince años y el largo cabello castaño recogido en la nuca, con los ojos brillantes que reflejaban cualquier claridad, mojaba los paños de las cruces del camposanto pidiendo lluvias usando sayales de telas finas que se le pegaban al cuerpo como si estuviesen aceitados. Aprendía de mamá todas las mancias pero únicamente ejercía la fascinación de esos grandes ojos castaños. Cualquier forma de poder le producía espanto. Secundina, mi madre, tenía un mapa astral que indicaba las conjunciones y enseñaba a Evencia –con un gonión que medía la luz de hielo sobre el llano en llamas de enero- que, como decía el compadre Ovidio, “mis goces son el principio de mi dolor”. *

Por Alejandro Maciel - 4 de Mayo, 2012, 2:53, Categoría: Escritos
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IL TROVATORE DE VERDI, EN TEATRO AVENIDA 2011

UN TROVATORE DISTANTE EN EL TEATRO AVENIDA En una nueva puesta de Juventus Lyrica, se estrenó Il Trovatore, de Verdi en el Teatro Avenida el viernes 8 de abril. Integrante de la trilogía brillante de Verdi (con Traviata y Rigoletto) esta ópera con un argumento absolutamente inverosímil se las ingenia para cautivar al público en base a una fórmula infalible en la ópera italiana: melodía, arias, dúos y concertantes fogosos que alternan sin parar desarrollando el argumento. El romanticismo de los climas exóticos apunta a un campamento de gitanos, en la España medieval. La pasión se vuelve furia en un triángulo amoroso en el que dos hermanos, que ignoran que lo son, (Fabián Veloz, barítono y Darío Sayegh, tenor) disputan el amor de Leonora, la soprano que tiene a su cargo distribuir la tensión que genera con su presencia. Como en todo melodrama de folletín, hay escenas francamente ridículas, como aquella en la que avisan a Manrico que están quemando viva a su madre y éste, en vez de correr a salvarla, se pone a entonar un aria de bravura y recibe aplausos. Ese rol de la gitana madre (Azucena) fue el más brillante de la pieza, y no es poco: necesita de una mezzo con bajos de contralto, un timbre que no es fácil de hallar pero Laura Cáceres lo desarrolló con desenvoltura y brío. Recibió una ovación. Pero fue la única. La soprano (Macarena Valenzuela, chilena) sólo se lució en el aria "D"amor sull" ali rosee" que cantó con la fragilidad que se estila desde Caballé y el dolor angustioso del temor a la muerte asediando notas graves como ecos; pero en el resto de la ópera y fundamentalmente en los concertantes, todo el elenco no halló el modo de ensamblar debidamente las entradas, los acompañamientos, el ritmo de voces que corren adosadas pero saben separarse a tiempo para rematar un final. Los concertantes, desconcertaban. Este Verdi brillante desgraciadamente exige brillo, no se puede cantar como Massenet porque las arias, los dúos, los tríos y los concertantes no cierran, quedan suspendidos sin llegar a la emoción a la que apunta la música pasional del libreto. Por momentos daba la impresión de que los cantantes no se arriesgaban a dar la nota de cierre. Tampoco el coro estuvo muy feliz, ni siquiera los ajustados ademanes del director desde el foso (Antonio María Russo, siciliano) consiguió ese gran milagro de poner a la música por encima de los instrumentos y las voces para conseguir la belleza de la ópera, el equilibro de proporciones entre las distintas partes de un conjunto, que es como se define la armonía. La escenografía austera, como suelen ser las características de este elenco, enmarcó las escenas sin inconvenientes. Por desgracia, el vestuario abusó de la goma espuma para resolver todo: armaduras, cascos, cotas de malla, loricas, corazas, grebas, botas, que no parecían de metal sino de goma espuma. ¿Cómo hacer ópera en tiempos de crisis? Entiendo perfectamente que el Avenida no tiene los talleres del Colón, pero existen recursos nuevos para simular casi todo. ¿Con qué? No lo sé, pero con goma espuma pintada de metal, no. No obstante, hay que seguir apostando por estos elencos que salen a ofrecer lo mejor de sí luchando contra mil obstáculos. En ningún sitio del mundo es fácil montar una ópera como Trovatore. Ojalá "Pescadores de perlas" que es el siguiente título, salga más airoso del desafío. Alejandro Bovino Maciel Abril 2011

Por Alejandro Maciel - 11 de Abril, 2011, 2:03, Categoría: Escritos
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SE FUE MUBARAK, UNA LACRA MENOS PARA EL MUNDO

CON TRES PALABRAS Desde que era chico me atrajo ese ambiente burdelesco del bolero; tal vez porque aún no comprendía exactamente el significado de algunas palabras que no se aprenden en el diccionario sino en los hechos. La mezcla un poco promiscua de religiosidad y pasión carnal: "Voy a mojarme los labios, / con agua bendita, / para lavar los besos / que una vez me diera / tu boca maldita" me dejaba arrobado porque me invitaba a pensar que habían otras formas de éxtasis fuera de la liturgia católica que las monjas del internado donde me crié trataban de inculcarme diariamente. Además, fuera de las letras del chamamé que siempre me parecieron bastante pobres literariamente, me admiraba la concisión del bolero: "Con tres palabras / te diré todas mis cosas / y esas palabras son / ¡Cómo me gustas!" ¿Hace falta más? Claro que los letristas del bolero provenían en su mayoría de Cuba, esa islita lejana pródiga en escritores y artistas. Finalmente Mubarak, con su peluca impecable, pasó a la galería de ex gobernantes de Egipto, junto a Ramsés y Tutankamón. Ahora las oficinas del omnisciente Departamento de Estado del Planeta se desvelan por impedir lo que todos temen: que la media luna flamee en las banderas del Nilo convirtiendo a Egipto en una provincia más del Islam. Mientras escribo esto, otra noticia, esta vez de la agencia de noticias DPA (alemana), desmiente la renuncia de Mubarak, de 82 años y enfermo de cáncer, que sigue aferrándose el poder en medio del derrumbe político, económico y social del país que dice amar. La familia y especialmente el hijo del dictador llamado Gamal que estaba destinado a perpetuar la dinastía, ya están instalados en Londres como exiliados. Pero toda la plana mayor del PND (Partido Nacional Democrático), que venía manteniendo la farsa republicana, renunció dejando al Presidente prácticamente sitiado por el paulatino abandono de sus allegados. Según cifras de la ONU tenemos al menos 300 muertos y 4.000 heridos en los 10 días que lleva esta protesta ciudadana legítima ya que Mubarak ni siquiera tiene líderes opositores organizados y visibles, porque los descabezó sistemáticamente desde que se hizo al poder en 1981. La teoría del vacío de poder y la anarquía secundaria es tan real como la terquedad del dictador acorralado. El archifamoso Primer Mundo se debate entre la aceptación de los reclamos populares y el apoyo a la dictadura que les mantiene ciertas garantías de neutralidad religiosa en el convulsionado Medio Oriente donde dicen que un Dios prometió la "tierra donde mana leche y miel" a los semitas, atónitos en el desierto. Mantener amablemente separados al cristianismo del Islam, aunque ambos juren adorar al mismo Dios, es la ardua tarea del Departamento de Estado de madame Clinton y las cancillerías europeas. La Casa Blanca emitió un breve rescripto en el que afirmaba que "se está negociando una salida "digna" de Mubarak pero conociendo los bueyes con los que aramos, nos preguntamos ¿cuántos muertos más costará esta dignidad? Alejandro Bovino Maciel 5.2.11

Por Alejandro Maciel - 12 de Febrero, 2011, 3:08, Categoría: Escritos
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De catalanes, guarras y salubridad

LOS CATALANES Y LOS GUARROS

 

La cosa viene así: la Consejera de Sanidad de Cataluña, Marina Geli, ha recomendado a través de videos instructivos que difunde su ministerio a los/as interesados, que los menores que estén con avidez sexual recurran a la masturbación, el sexo oral o la práctica de coito con preservativos para evitar el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual, el SIDA entre ellas.

En el video, la coordinadora de la Unidad de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva de Sarabadell, la comadrona Montse Villanueva, explica un poco en tono de gracia los alcances de las distintas formas de encuentros sexuales posibles y sus consecuencias. Pues bien, en el programa “El gato al agua” de la TV catalana saltó el escritor Eduardo García Serrano (hijo de un escritor falangista, valga la aclaración) acusando a la Consejera Geli de ser “guarra, puerca, y una zorra repugnante que quiere fabricar degenerados”.

¿Qué le pasa a la derecha fascista con el sexo? ¿Por qué esta reacción inusual frente a un programa de recomendaciones sobre salud sexual, aceptando lo que dicen las estadísticas, que 8 de cada 10 adolescentes tienen sexo activo antes de llegar a la mayoría de edad? ¿Qué propone este sabio escritor? ¿Qué cerremos los ojos pensando que los/as adolescentes hacen crochet y bricolaje cuando están juntos? ¿Cómo se cuidaría un/a adolescente sin información?

La Iglesia Católica, que siempre está detrás de estas maniobras, manejó históricamente la cuestión del sexo con el discurso de la doble moral que trajo tanto dolor en el pasado y tantos disgustos en el seno de la propia Iglesia abrumada por las denuncias de pederastia. Una de las intenciones del Concilio Vaticano IIº fue abrir la Iglesia a la Modernidad, y hasta Pablo VIº siguió por ese camino pero después vino el polaco y volvimos a la Edad Media, y con el alemán no mejoramos demasiado, aunque de haber iluminado el Espíritu a los cardenales para escoger a Bergoglio hoy estaríamos hablando de “Guerra Santa contra el Plan de Dios”.


alejandro maciel, agosto 2010

Por Alejandro Maciel - 16 de Agosto, 2010, 21:55, Categoría: General
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Culpa de los muertos, teatro, mayo 2010

CULPA DE  LOS MUERTOS


 

De Alejandro Maciel



 

Obra de teatro que comparte el tema con la novela sin ser una adaptación de aquella.


 

ACTO UNO:

 

La acción transcurre en algún momento entre 1977 y 1979 en algo que parece un sitio muy seguro, un sótano o algo similar a una cuadra militar. Debe haber una pared blanca donde se proyectarán imágenes confusas que el público podrá ver aunque los actores estén de espaldas o de perfil (ellos - los personajes que interpretan los actores- ya han visto en la vida esa realidad, sería ocioso mostrársela de nuevo como mera representación).

La música que inicia la acción es el 2do movimiento (Largo) de La Primavera de "Las cuatro estaciones" de Vivaldi, que se escuchará durante 1 minuto; luego se irá extinguiendo lentamente para dejar un breve silencio tras el cual se escucharán varios sonidos:

 

(AUDIO)

una breve conversación entre dos mujeres y un niño, sirenas de bomberos, voces militares dando órdenes, la marcha a "Mi bandera" (muy breve, con fondo de sonidos que alarman, motores, tiros lejanos, voces desconocidas como pájaros efímeros en un cielo de la siesta) hasta que se impone una voz muy fuerte que dice  - "Basta!"  y todo se apaga.

 

(IMAGEN)

En la pantalla aparecerá Alex contando:

 

- "Los mitos se alimentan de distancia y ausencias, como el amor; la imagen de ese hombre se hizo tan poderosa que se lo creyó omnipotente.

El buen dios Perón hizo mucho por gente que estaba abandonada, se opuso a los poderosos con el poder sobre los pobres de la tierra rica. Pero allá en España exiliado, encerrado tras la Puerta de Hierro con un cadáver reverenciado, el brujo y la bataclana, perdió la brújula. Se fue al mazo y no se dio cuenta de nada en la nebulosa en la que veía al país detrás de la bruma del tiempo. Seguía mirando la Argentina de los 40 en la entrada de los 70.

Si es peligroso saber todo, es más peligroso ignorar todo".

 

Se ilumina lentamente la escena:

 

Loisa estará sentada en una silla de madera sólida, junto a la mesa. Algunos libros, una jarra de vidrio ordinario con agua, ropa en un rincón, un foco que tiene como tulipa un cartón y proyecta la luz directamente sobre ella. Tiene la expresión resignada de quien ya no espera nada, no está aterrorizada ni la angustia se ha cebado en ella: pareciera que ya nada le interesara en el fondo.

Cuando entra el Sargento, ni siquiera lo mira.

 

 

Sargento:        No avisaron nada.

 

Loisa:        Nada…(hojea un libro, para evitar mirarlo)

 

Sargento:        ¿Y ustedes, che? Ustedes que querían cambiar el mundo no le interesan a nadie. A nadie. Pregunto en el Comando y me dicen - "sin novedades", llamo al jefe de unidad y tampoco. No sé qué mierda hacer con vos y los otros pelotudos que me mandaron de regalo para la Navidad, … ding, ding, dong…, -"ahí tenés cuatro estudiantes de medicina que en vez de curar estaban aprendiendo magia negra" dijo Morales cuando los dejaron. ¿Es verdad que estudiabas medicina, che? (Trae un diario doblado bajo el brazo)

 

Loisa: Sí, todavía estudio medicina…

 

Sargento:        ¡Estudiabas! (da un golpe a la mesa) ¿no entendés?

 

Loisa:  Sí, entiendo…que necesitan gritar para hacerse creer.

 

Sargento:        ¡Son boleta! Ustedes, de acá, no salen vivos, si te molestan los gritos te digo suavemente: (baja la voz pero la hace más grave al mismo tiempo) ésta es la última estación de tu viaje, por algo le dicen "el cementerio" a este lugar. Ayer bajamos cinco, mañana o pasado serán ustedes, solamente espero las órdenes y "tára-ta-ta", adiós pampa mía, que pase el que sigue. ¿Qué me decís, taradita? ¡Hablá!

 

Loisa: ¿Para qué?

 

Sargento:        ¿Te cagás de miedo, eh? ¿A quién creíste que le hacías la guerra?

 

Loisa:  A usted no. (Se hace silencio y se escuchan tiros a lo lejos) Le digo en serio, no era a usted. Nunca pensamos hacerle una guerra a usted.

 

Sargento:        (Desconfía que se lo haya dicho despectivamente) ¿Ah, no? Pero yo estoy metido hasta las narices, chinita, y tengo la sartén por el mango te guste o no te guste.

 

Loisa:  ¿Puedo leer ese diario?

 

Sargento:        ¡Cómo no, sírvase chinita! (Se lo arroja casi en la cara). Ni te ilusiones, de ustedes no dice ni la hora. No hay detenidos, no hay desaparecidos. Hojeá, leé que ahí dice que "los argentinos somos derechos y humanos" y si vos andabas torcida por la vida será que no eras argentina, che.

 

Loisa:  ¿Por eso estoy detenida aquí?

 

Sargento:        ¡Algo habrás hecho! Yo no soy abogado, el general de división dice que soy el "fiel ejecutor". Y los que ejecutamos, no preguntamos chinita.

 

Loisa:  ¿Al menos me puede decir dónde está mi bebé?

 

Sargento:        No sé.

           

 

 

De nuevo la música del Largo, de La Primavera de Vivaldi por medio minuto,

 

(AUDIO)

Se interrumpe música para escucharse un anuncio comercial de la época. Luego un pequeño fragmento de un partido de fútbol, ruido de cosas metálicas que caen, lluvia, truenos; la presentación de un programa de TV de la época, todo esto entre insistentes llamados de un teléfono…

  

 

Sargento:        Acá todo está claro, ustedes buscaron camorra y después no se aguantaron las consecuencias. El coronel en el Ejército siempre nos decía: -Antes de tirarle de la cola al león, hay que tener el fusil cargado-. Yo no tengo nada contra vos, chinita.

 

Loisa:  Yo tampoco, pierda cuidado. (Sigue leyendo el diario como si no le importase) Acá dice que hay denuncias en Europa sobre la desaparición de personas en Argentina, es un recuadro, chiquito, acá. (Como justificándose)

 

Sargento:        A ver, che. (Mira el sitio que le señala Loisa) No sé, no tiene importancia… ¿por qué jugaron con el león si no tenían fusiles, che? ¿No tenían miedo al zarpazo?

 

Loisa:  A lo mejor, no.

 

Sargento:        ¿Y a qué le tienen miedo entonces?

 

Loisa:  A muchas cosas, a una noticia en el diario….

 

Sargento:        ¿A una noticia como ésta? ¿A un recuadrito? (Ríe nervioso)

 

Loisa:  Aquí es un recuadrito tal vez porque en los diarios, le tengan miedo al león… pero a lo mejor allá, en Europa, no le tengan tanto miedo y el recuadrito no sea tan chiquito… ellos ya pasaron por estas cosas.

 

Sargento:        ¿Y qué? ¿Acaso nos gobierna Europa?

 

Loisa:  No, acá dice que están gobernando sus generales.

 

 

 

(AUDIO)

 Sonidos desde afuera: voces de dos señoras conversando -"¿Cómo le va querida?, Muy bien ¿y usted? Ay, mi marido dice que viajamos a Disney este año cuando la nena cumpla los 15, ¿vio?" Sonidos de sirena, después todo se detiene bruscamente, se escuchan frenadas bruscas, órdenes confusas y luego un tiroteo y después el silencio.

 

 

 

Loisa:  ¿Escuchó eso?

 

Sargento:        No.

 

Loisa:  Parecían tiros.

 

Sargento:        ¿Tiros?, no. Cohetes, chinita, co-he-tes . Estamos en Navidad, ¿vos no tirabas cohetes en Navidad?

 

Loisa:  No.

 

Sargento:        Bueno, hacé de cuenta que son cohetes.

 

Loisa:  No son cohetes.

 

Sargento:        Hacé de cuenta, te conviene que sean cohetes. Ding, ding, dong...

 

Loisa:  No son cohetes.

 

Sargento:        Mirá que sos desconfiada; ¿todavía no aprendiste quién manda acá? Si te digo que son cohetes, son cohetes. ¡Tienen poca fe, che! Con razón estás acá, no fue un error de la inteligencia militar como decías.

 

Loisa:  No son cohetes, al menos dejeme la realidad, no me quite lo poco que me queda… Dígame que mi hijito está con mis padres, por favor.

 

Sargento:        ¿Te quedan mejor los tiros, che?

 

Loisa:  Ésa es la realidad, ustedes tiene las armas y nosotros algunas ideas.

 

Sargento:        Mala idea, si no se sabe defender a tiros.

 

Loisa:  Las  ideas no necesitan tiros.

 

Sargento:        ¿Qué ideas? ¿Querían cambiar las reglas del juego? ¿Estaban chifladitos, che? Esas reglas están fijadas por Dios Nuestro Señor, mi vida. La propiedad privada es sagrada, la libertad de las empresas que hacen crecer al país es sagrada, las jerarquías del gobierno son sagradas. Dios todopoderoso ordenó este mundo y ustedes, que son insignificantes, ¿querían reformar la sociedad? ¡Pero déjense de joder, chinita! El gobierno no se toca.

 

Loisa:  ¿Qué gobierno?

 

Sargento:        La Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas de la Nación.

 

Loisa: ¿Quién los votó?

 

Sargento:        Mejor me voy a ver si llegó alguna orden, che.

 

Loisa: ¿La orden de matarme?

 

Sargento:        No sé, la que sea, yo no doy las órdenes, yo obedezco.

 

 

Se va, de nuevo queda sola Loisa, vuelve Vivaldi.

 

(AUDIO-IMAGEN)

En la pantalla,  Alex con su confesión, que se diluye para dejar ver un desfile militar –mientras el relato~monólogo de Alex sigue escuchándose como trasfondo de las imágenes-, luego la Junta Militar en algún acto, luego una propaganda televisiva de la época, luego la imagen en cámara lenta de un niño caminando en una pradera.

 

Voz de Alex:

 

"Cuando llegué estaba todo revuelto. Los libros tenían las hojas arrancadas, una lámina de anatomía del cuello estaba hecha pedazos en el piso, los armarios con los cajones abiertos, las camas sin las sábanas, todo estaba destrozado.

Yo nada sabía de Argentina. Nosotros nada sabíamos del poder y las ideas. ¿Vosotros sabíais?

Ellos sabían todo acerca del "arte de la guerra". Nada sabíamos de lo que pasaba en este país: Militares militantes, muchacho.  Qué maldigo: milicos y no milicos entre la polvareda de la pólvora, siglo veinte cambalache el que no llora no mama y el que llora termina en la ESMA:¿qué tenían que hacer los pendejos y las chicas amontonados como ratas ahí? … Cantar.

Se olía la presencia de la muerte pero no se podía ver nada, estábamos ciegos; todos sentíamos los signos de lo que pasaba afuera pero nadie quería ver,  ¿quién pensaba en Corrientes? Lo de afuera eran… habladurías, lo de Tucumán eran pendejadas de los zurdos que vinieron con el viejo demenciado y después terminaron a balazos en Ezeiza. Perón ya no era Perón cuando vino de España, era Juan Domingo demencia senil: un pobre anciano manipulado por su debilidad, idolatrado por la izquierda y la derecha, arrinconado por la mafia de la masa, pobre espejo de nuestra sociedad dividida por odios".

 

 (Se corta bruscamente la imagen y el relato, voces de chicos jugando, agua que corre, fragmento de una canción de la época, órdenes militares, sirenas, fragmento discurso de Perón y los imberbes, voz de Isabelita, bombos y cánticos de una manifestación)

 

Sargento:        ¿Tenés familia, che?

 

Loisa:  Sí.

 

Sargento:        ¡Qué lástima! Mirá que todo está al reves: Vos que tenés familia te vas al muere, yo que estoy solo sigo viviendo lo más campante, ¿viste que todo está al revés?

 

Loisa:  ¿No dijo que Dios ordenó este mundo y todo estaba en su sitio?

 

Sargento:        (Un poco desconcertado) ¡Hizo lo que pudo, che! Dios ya hizo su trabajo y después vienen los hijos de puta como ustedes y todo se va a la mierda (con violencia). Pero no quiero seguir discutiendo con muertos, che. (Cambiando) Chinita, yo no tengo nada contra vos.

 

Loisa:  Yo tampoco.

 

Sargento:        (Sacando un cigarrillo) ¿Querés uno?

 

Loisa:  Gracias, no fumo.

 

Sargento:        En la Escuela Superior de Guerra teníamos un profesor, Herrera Fuentes, ¡qué tipo!, ¡cómo sabía ese profe!, nos quedábamos con los ojos fijos cuando hablaba, él nos explicó todo el asunto…

 

Loisa:  ¿Qué les explicó?

 

Sargento:        Una vez nos habló de Vlad el Empalador. ¿Sabés quién fue Vlad?

 

Loisa: Drácula, el vampiro …

 

Sargento:        ¡Esas son pavadas de los intelectuales! ¡Qué vampiro ni qué ocho cuartos! Vlad fue un príncipe satánico que mandaba empalar hasta 2000 enemigos después de cada batalla, era como crucificarlos pero por el culo, ¡grande Vlad! El comunismo es una secta satánica, chinita. Stalin mandó en 20 años más gente al infierno que 20 siglos de cristianismo; Stalin fue el Vlad de nuestro tiempo!  El profesor nos decía: - ¿Cómo que "guerra sucia"? ¿Acaso hay guerras limpias? No: hay guerra o no hay guerra, punto… - el Señor Dios de los Ejércitos ya ha dicho: … "Cualquiera que se niegue a batallar por el rey Saúl y el profeta Samuel, será despedazado como los bueyes de las ofrendas"-…

 

¿Y vos, che? Mirá que la sacaste barata, chinita. Acá no te molestamos, no te hacemos nada, te acorto el tiempo contándote historias y vos ni siquiera un cuentito. ¿Sabés algún cuentito, che?

 

 

(AUDIO)

Sonidos de afuera de nuevo, ráfaga de ametralladora, quejidos, alguien que grita a lo lejos, desesperada: -"déjenme ir, déjenme ir por favor", sirenas de patrulleros, otras ráfagas, un fragmento de música de la época, en inglés, de alguna banda conocida.

 

 

Sargento:        ¿Qué me podés contar?

 

Loisa:  No sé contar …

 

Sargento:        ¿Sabés qué, chinita? Cuando yo era chiquito mi madre tenía que salir a trabajar, mi padre se había rajado con otra mujer y ella quedó sola; trabajaba para mantenernos y nosotros quedábamos con mi abuela. Todos los hermanos.

 

Loisa:  ¿Cuántos hermanos?

 

Sargento:        Cuatro, y mi abuela nos contaba cuentos después de comer, nos sentábamos en el piso haciendo una rondita, mientras ella lavaba los platos y nos  contaba historias de niños que se perdían en el bosque porque los pájaros habían comido las migas de pan que dejaban en el camino.

 

Loisa:  Es un cuento muy viejo.

 

Sargento:        Era lindo escuchar esas historias, y ya que los dos necesitamos matar el tiempo…

 

Loisa:        Había una vez una mujer muy distinguida llamada Madame que era amiga de una Comadreja rosilla. Una noche  iban conversando tomadas del brazo.

 

Sargento:        (Está sentado, se pone a limpiar el arma mientras escucha) ¿Amiga de una comadreja, che? Mirá vos…

 

Loisa:        De pronto se internaron en un bosque, como los hermanitos de esa historia que les contaba su abuela, y ahí encontraron un edificio enorme con cúpulas de metal. Madame pensó que se trataba de una central nuclear; la Comadreja rosilla le señaló una compuerta que se abrió repentinamente para dejar salir un largo cañón de acero.

 

Sargento:        Parece que hay una guerra…

 

Loisa:  Eso pensaron, pero en eso una luz intensa iluminó todo, y salió un zorrino que tenía un delantal azul, y con mucha amabilidad las invitó a pasar. La Comadreja preguntó: -¿Estamos en guerra?, el anfitrión sonrió y le dijo: -¡Nada de eso, señoras! Las calamidades sociales, irán pasando y sólo quedarán las catástrofes naturales para comprender el verdadero poder de Dios. Yo no tendría miedo a ninguna guerra en el futuro, pasen a tomar un refresco o un té.

 

Sargento:        ¿Me querés enseñar que las guerras son inútiles, che?

 

Loisa:  No quiero enseñarle nada, usted me pidió un cuento, pero si no le gusta…

 

Sargento:        No, sí, ¡me gusta!, medio raro tu cuento chinita pero ustedes, los que estudian, son raros.

 

Loisa:  ¿Por qué no tener miedo a las guerras habiendo tantas en este momento?, preguntó la Comadreja rosilla. El zorrino les aclaró: - Me dedico a la fabricación y venta de armas. - Una fábrica de guerras, entonces -  dijo la comadreja que era muy poco diplomática. -Todo lo contrario, soy pacifista-. La Comadreja, volvió a preguntar: -¿Construyendo armas piensa conseguir la paz? El zorrino les dijo que las armas son el modo más directo de llegar a la paz.

 

Sargento:        Herrera Fuentes nos explicó: - Hay guerra cuando una nación cree tener más poderío militar que otra, y que cuando todas tengan el mismo arsenal, ninguna empezará el quilombo-.  (Siempre limpiando su arma).

 

Loisa:  - Cuando todos tengan armas peligrosas, dijo el zorrino, nadie querrá empezar el desastre.  La carrera armamentista es el único refugio que le queda a la paz. Entonces Madame le preguntó si el tubo de acero que apuntaba al cielo, era un misil. - No, dijo el zorrino, es un telescopio, me paso el tiempo mirando las estrellas….

 

 

 

AUDIO

Bruscamente se escucha el ruido de algo que se rompe, como vidrio que se golpeó, luego siguen algunas conversaciones, campanas, voces de mando cuando Loisa está por reiniciar el relato, suena el teléfono y el Sargento atiende

 

 

Sargento:        Hable, sí, general, todo bien, sí, los invitados están esperando. Bueno… Muy bien, a las 20 estaré allí. (Cuelga) Lo siento, Madame, tengo un asunto…

 

Sale y Loisa se queda sola, la luz se va extinguiendo.  

 

 

AUDIO

Vuelve Vivaldi. Después se escuchan corridas, gritos, llanto de un bebe, aves agoreras que graznan en la noche, moto que se aleja.

 

 

 

 

ACTO DOS:

 

 

Suena el 3er movimiento (impetuoso) de "El verano" de Vivaldi,  1 minuto.

 

(IMAGEN)

La acción se inicia en la pantalla pero esta vez aparece Ingrid que dice:

 

"El rector de la Catedral se suicidó en noviembre de un tiro en la boca, en la sacristía. Lo llevaron de urgencia al Hospital Escuela pero no hubo caso, ya estaba muerto cuando llegó. El director del hospital corría de un lado a otro recibiendo llamadas y tratando de esquivar a los periodistas que acudieron como moscas, pero no pudo evitar dar un comunicado y ¿sabés con qué salió? Dijo que monseñor se accidentó limpiando un revólver, parece un disparate pero por esos tiempos el arzobispo decía que "a veces, para defender a Dios se necesitan armas". Nadie explicó quién atacaba a Dios en la sacristía de la Catedral".

 

Hace mohines a la cámara como si estuviese jugando y la imagen se va esfumando lentamente para iluminar la misma sala.

 

 

 

Loisa está recostada apoyando la cabeza sobre los brazos, y éstos sobre la mesa. Entra el Sargento y la mira dormida, hay algo de ternura en esa contemplación de la mujer inerte. Trae una bolsa con alimentos, sándwiches y una bebida

 

 

AUDIO

Desde afuera se escucha una ráfaga de metrallas

 

 

Loisa despierta.

 

Sargento:        Hay cama para descansar, flaca…

 

Loisa:  Me quedé dormida.

 

Sargento:        Traje algo para comer, después no digan que el Ejército Argentino los mató de hambre.

 

Loisa:  Hambre, balas, da igual.

 

Sargento:        Bueno, acá hay comida: empanadas, sándwichs de milanesa, frutas, pan. (Abre el paquete y va poniendo las cosas sobre la mesa) no te podés quejar.

 

Loisa:  ¿Y mi bebé? ¿Sabe algo de mi hijo?

 

Sargento:        No. No sé.

 

Loisa:  (silencio)

 

Sargento:        Yo también estoy cansado de esperar, me gustaría liquidar de una vez todo este asunto.

 

Loisa:  Liquidarme a mí… (abriendo uno de los paquetes)

 

Sargento:        No siempre, a veces ordenan trasladar a los detenidos.

 

Loisa:  ¿Adónde los llevan?

 

Sargento:        No sé.

 

Loisa: ¿No sabe?

 

Sargento:        Parece que a ustedes no les enseñaron cómo funciona un verdadero ejército. Flaca, acá no se pregunta nada, se reciben órdenes, se cumplen órdenes y si te he visto, no me acuerdo. Así funcionan las misiones. Allá, ustedes se pasan discutiendo y no cumplen sus deberes. Total, no hacen ni mierda... Comé, comé algo.

 

Loisa:  No matamos.

 

Sargento:        ¿No? ¿Y quién hizo volar la cama del general Contreras, la esposa y el perro? ¡Pum!, todos por el aire.

 

 

Loisa:  No sé quién hizo eso, nosotros no fuimos. No matamos gente.

 

Sargento:        Quién sabe, querían aniquilar la familia, la propiedad privada, la religión; matar ideas puede ser peor que matar gente, che.

 

Loisa:  ¿Entonces ustedes matan gente para matar ideas?

 

Sargento:        Mirá flaca:  hay maestros orientales que enseñan dónde clavar metales preciosos y dónde metales vulgares en el cuerpo, para conseguir que la energía planetaria se concentre en un punto que se llama perfección. En ese puntito invisible nace la luz interior que nos conecta con otros mundos, con seres más evolucionados que nosotros…  Eso sí, exigen disciplina, pequeños sacrificios que son males menores para alcanzar el bien mayor.

 

Loisa:  ¿Eso les enseñaba el profesor Herrera Fuentes?

 

 

 

AUDIO

Se escucha un choque violento, frenadas, tiros, música de calesita, risas de niños, discusión entre dos hombres, campanas, alguien que llora, jingle publicitario de la época, partido de fútbol en la radio, un fragmento de una zamba, insistente teléfono que llama…

 

 

Sargento:        (Respondiendo el teléfono) Hola, todo en orden, señor… No, aquí no llegó… Hoy tampoco… A sus órdenes… Hasta mañana. (Cuelga)

 

Loisa:        Tiene familia usted? ¿Tiene hijos?

 

Sargento:        Aquí el único que pregunta soy yo. (Lo dice suavemente pero con firmeza) Eso es disciplina, ¿viste? Aceptar pacientemente lo que impone un superior sabiendo que será para nuestro bien. Una vez que se empieza con las preguntas nunca se terminan las respuestas, ¿y para qué? ¿Qué podrían hacer ustedes para cambiar las cosas desde aquí adentro?

 

Loisa:  Yo tengo familia. Tengo un hombre que me quiere y yo también lo quiero, tenemos un bebé… ¡no pregunto… Y tengo un papá, una mamá, hermanos  ¿Le parece que yo querría destruir la familia? Yo crecí en el campo, allá cerca de Clorinda, de Formosa.

 

Sargento:        Yo también tengo padres, ¿o creés que nací de un repollo? Y hermanos, ¡tengo una hermana muy parecida a vos!, se llama… (Se refrena, cede el entusiasmo que ponía para contar su propia historia) bueno, no importa cómo se llama.

 

Loisa:  No sé por qué le cuento esto, será porque es la última persona que voy a ver si es cierto que me van a matar.

 

Sargento:        Yo no dije eso.

 

Loisa:  … mi papá trabajaba en el campo de sol a sol, hasta que vinieron unos vecinos a proponerle hacer una cooperativa.

 

Sargento:        ¿Y por eso te hiciste comunista?

 

Loisa:  No soy comunista, no soy stalinista, no soy trostkista… bueno, no sé cómo explicarle, usted tiene más miedo a las ideas que al enemigo, cree que el comunismo es una secta satánica… tiene muchas creencias mal mezcladas.

 

Sargento:        Puede ser… ¿Y qué pasó con tu papá?

 

Loisa:  Era un gringo incansable, puso todo su entusiasmo en la cooperativa, era un hombre de buen corazón que tenía un gran defecto: tener demasiada fé. Todo lo que ganaba en las cosechas lo ponía en la cooperativa, él decía que siendo miembro de la comisión directiva debía dar el ejemplo, pero el Vasco y Rafaellini tenían otros planes:  vaciaron todos los fondos, peso por peso.

 

Sargento:        Qué vas a hacer, che, en todas partes hay delincuentes; en este país hay que entrar con una topadora y aplastar a todos los avivados hijos de puta. Hace falta una limpieza profunda.

 

Loisa:  ¿Como la que están haciendo sus generales?

 

Sargento:        ¡No! Si querés te dejamos al Vasco y al tal Rafaellini, che. Así te los llevás a tu casa, ¿Qué eran esos dos?

 

Loisa:  El presidente y el tesorero de la cooperativa; sólo dejaron deudas y la cooperativa se liquidó. Papá se negaba a creer que los habían estafado, si mamá no hubiese salvado las maquinarias de la hipoteca… Papá se vino abajo, el gringo enorme como una montaña se desplomó por dentro; se pasaba horas y horas sentado frente a la ventana mirando la lejanía… hablaba solo.... sin poder dormir…  sin saber llorar…

 

Sargento:        Ya te dije, flaca, hay que barrer la basura.

 

Loisa:  ¿Cómo saber quién es o no es criminal sin saber qué es el crimen?

 

Sargento:        ¡Puro palabrerío! Ese Vasco es un delincuente, pero para ustedes "habría que ver". Todos sabemos bien qué es un bandido, ¡déjense de joder! Lo que pasa es que no tienen huevos para tomar decisiones y entonces se pasan inventando palabras para esconder la cobardía.

 

Loisa: Primero la ley, señor, después el orden.

 

Sargento:        ¡Qué ley ni qué ocho cuartos!, manga de boludos. Todos tus compinches son unos pelotudos, ése tal César, el Alejandro, la otra, la tarada esa, la Ingrid, y qué decir del boludo mayor, tu maridito Juan Carlos, ¡premio al pelotudo honoris causa! (Arroja la silla al piso)

 

Loisa:  ¿Qué le hicieron a mis amigos? ¿Qué le hizo a Juan Carlos?

 

Sargento:        Nada, para hacerse mierda se las arregla bien solito, el pelotudo.

 

Loisa:  No es ningún pelotudo. Es el mejor promedio de Abogacía.

 

Sargento:        Y si es tan inteligente, ¿cómo  le confesó al cura Santana quiénes eran ustedes y lo que hacían? ¿Quién creés, flaca, que los delató? ¡El cura de la Catedral! Tu maridito iba cada domingo a limpiar su conciencia, el cura sacudió la alfombra y sopló la mugre en el comando. Ahora el pelotudo pide confesarse, ¿qué se cree, que esto es una parroquia? No te cuidó, che, confesó todo!, ¿cómo es que dicen los curas? "Ego et absolvo", Ego et absolvo, je, je… ¿viste qué fácil? ¡Palabras! Ego et absolvo ¿Acaso desaparece el mal? (Cambiando el juego) Tenés lindos ojos. (La mira fijo)

 

Loisa:  No señor, no desaparece nada. (Evita mirarlo) No haga eso, me recuerda al ángel fatal.

 

Sargento:        ¿A quien?

 

Loisa:  Un tipo que apareció con Ingrid, un militar, rubio y hermoso como un ángel,  pero sus ojos destellaban raros… todos le desconfiábamos, César le decía El ángel fatal.

 

 

 

(AUDIO-IMAGEN)

En la pantalla, imágenes de un niño caminando por un campo florido, luego una propaganda de TV de la época, un pantallazo de noticias –todo breve y en sucesión casi vertiginosa- alguien que canta, un presentador de TV, imágenes de los comandantes de la Junta Militar sin sonido, luego un partido de fútbol, el gol del Mundial "78, un tigre que ataca a una gacela, nuevamente noticias entrecortadas, moda, Martínez de Hoz, publicidad, explosión.

 

 

 

Sargento:        ¿Y el cuentito, che?

 

Loisa:  ¿Qué dice?

 

Sargento:        ¿Y el cuentito de hoy? ¿Te acordás?, mi abuela en la ronda…

 

Loisa:  Sí, sí… a ver si recuerdo dónde quedamos.

 

Sargento:        No, buscá otro, ese de la Madame y el astrónomo no entendí un carajo ¡Dejate de joder con  ese despelote de bichos en guerra!

 

Loisa:  No me acuerdo de otra historia.

 

Sargento:        Bueno, está bien, sigamos con doña Madame entonces.

 

Loisa:  Madame y la Comadreja Rosilla, siguieron del brazo por el bosque, cuando escucharon por un altoparlante una arenga política en la que un dirigente proponía solucionar todos los problemas de la población.

 

Sargento:        Las actividades políticas están suprimidas, chinita. Orden superior.

 

Loisa:  Pero esto sucede en un cuento, no tiene mucha importancia. ¿Quién podría tener miedo de palabras en medio de un cuento?  Si todo es fantasía.

 

Sargento:        ¿Y entonces, che?

 

Loisa:  En un escritorio el Zorrino estaba escribiendo en una máquina de escribir, con una gorra verde, anteojos redondos y la mesa muy desordenada.

 

Sargento:        Un zorrino, máquina de escribir, y los parlantes, ¿en medio del monte?

 

Loisa:  Cuando llegaron Madame y la Comadreja rosilla,  las saludó como si fuesen grandes amigos. - ¿Qué está escuchando? le preguntó Madame, fastidiada por el ruido del parlante.

 

Sargento:        ¿Y  la Comadreja, no?

 

Loisa:  No, porque era completamente sorda.

 

Sargento:        ¿Y qué le contestó el Zorrino, che?

 

(Cambio de roles, Loisa se coloca una máscara y asume el personaje de Madame muy señorial y refinado, mientras el Sargento se coloca un delantal, una máscara, para ser el Zorrino, todo mientras prosigue el diálogo ya como los personajes de la fábula)

 

Madame: Perdón, ¿qué está escuchando?

 

Zorrino:     Vaya.. a ver, el oído es un órgano muy complejo que tiene unos minúsculos huesos con nombres de ferretería.. ¿le gusta saber que tiene dos yunques dentro de la cabeza?

 

Madame:   Oh, ¡no me diga!, ¿de verdad, doctor?

 

Zorrino:     ¡Y dos estribos y dos martillos!

 

Madame:   ¡Qué interesante! pero tenemos algún apuro, ¿cómo podríamos hacer para llegar antes a…?

 

Zorrino:     Oh, oh, oh… no se puede llegar antes, ni después, se llega cuando se llega, y eso me recuerda algo… ¿qué hora es?

 

Madame:   Serán las ocho menos cuarto.

 

Zorrino      Oh, oh, oh… tengo que ir a trabajar, soy psiquiatra y sabrá que la gente anda con muchos problemas de ansiedad, depresión, ataques de pánico y esas cosas. La gente así, es peligrosa.

 

Madame:   ¡Siempre quise saber qué es la angustia!

 

Zorrino:     La angustia es la expresión física de un desarreglo químico que proviene de un conflicto interno suyo.

 

Madame:   ¿Conflicto mío? Yo no tengo conflictos conmigo.

 

Zorrino:     Eso es lo que usted cree. ¿Duerme bien?

 

Madame:   No, hace un tiempo me cuesta mucho dormir.

 

Zorrino:     ¿Vio que yo estaba en lo cierto? El insomnio es el primer síntoma de la ansiedad. Sin dormir no se puede soñar y sin soñar no se puede vivir.

 

Madame:   ¿Y qué debo hacer?

 

Zorrino:     Espérenme, volveré en media hora y como es el día de mi cumpleaños, les dejo un champán extra brut para brindar.

 

Madame:   Otra cosa, doctor. Tuve un sueño y quiero saber qué significa.

 

Zorrino:     Nada. No significa nada. ¿Por qué todos buscan encontrar claves ocultas en todo lo que les sucede? Durmió, soñó y nada más. Sírvase una copa. (Se la ofrece después de descorchar) ¿Qué soñó?

 

Madame:   Soñé… (bebe un sorbo) que escalaba una montaña y al llegar a la cima descubrí que era un volcán con un cráter lleno de fuego.

 

Zorrino:     Significa… sírvase un poco más… que tiene miedo a las metas demasiado altas, que se conforma con lo mediocre, ¿qué más?

 

Madame:   Bueno, estando allá en lo alto empezaron a salir cientos de enanos barbudos y repelentes que me insultaban de mil maneras, todas groseras, ¿qué puede significar esto?

 

Zorrino:     Esos demonios, mi querida, no eran más que la representación de sus miedos que la persiguen hasta en los sueños, muy simple.

 

Madame:   ¿Mis miedos me persiguen hasta las alturas? Por eso la montaña termina siendo un volcán…               

 

 

 (Punto de flexión: aquí la acción se detiene, cambiamos del discurso metanarrativo a la realidad de ambos en la siguiente pregunta)

 

Sargento:        ¿Y ustedes? ¿No tuvieron miedo del fuego, che?

 

Loisa:  Ustedes tienen el fuego ahora. Nosotros subimos hasta la cima, con  confianza,  como mi papá…

 

 

(AUDIO)

Se escucha una frenada, tiros, campanas, música de la época, conversaciones de la calle, publicidad de la época, música religiosa de órgano, órdenes castrenses, agua que corre, pájaros, auto que se aleja a velocidad, golpes en una puerta. Vivaldi durante medio minuto,  hasta que se extingue con la luz.

 

ACTO TRES:

 

 

Se abre con Vivaldi, Otoño de Las Cuatro Estaciones, 1er movimiento Allegro, medio minuto.

 

(AUDIO-IMAGEN)

Luego en la pantalla aparecen imágenes borrosas de la represión: uniformados golpeando a gente, pateando las puertas de casas, humo, la represión de Ezeiza, un musical de la TV de la época, desfile militar, López Rega, Massera, Videla, explosiones, el presidente de EEUU, aviones de combate, una publicidad televisiva de la época.

 

Luego la imagen de Agustín, el "Ángel fatal":

Monseñor Santana creerá que está jugueteando con los trámites  y está bien que crea siendo un hombre de fe como es, pero con los generales no se jode.

Cada norma tiene su procedimiento y nadie, por dedicado al Señor que esté, puede eludir sus responsabilidades.

(Aparece, de espaldas Monseñor Santana conversando con Agustín, se ve que se trata de un sacerdote por las ropas, se escucha la voz pero no se verá su rostro)

 

Monseñor:

¿Cómo puedo saber que estos nombres que les doy van a parar en un simple interrogatorio? Hay gente que desaparece. Mi grey es el legado que me confió el Señor. Mi deber es conducirlos directo al cielo por el camino más recto.

 

Agustín:

Correcto, monseñor. Pero cuál es ese camino lo deciden los generales, no usted ni yo, con todo respeto. Porque el Estado es lo más sagrado en esta tierra.

 

Monseñor:

 El Vaticano también es un Estado.

 

Agustín:

Allá ustedes con su Vaticano y su cielo; las cuestiones políticas no se deciden en la mesa del altar sino en la mesa de la Junta, que para eso los generales aprendieron a custodiar las leyes humanas con armas, no con agua bendita. Su grey es arisca, hay más lobos disfrazados de ovejas de lo que usted sospecha. Esa célula que me alistó la otra vez, por ejemplo. Se les hizo un operativo y ¿qué cree que encontramos? : La biblioteca del anarquismo que pretende sumir a la patria en el fango;  y entonces, querido monseñor, no le quedarán ni ovejas ni lobos, ni grey. ¿Se imagina vivir sin ley?

Por algo Jehová empezó por las tablas, monseñor. Allí escribió la Ley ¿acaso decretó la propiedad social?, ¿la plusvalía?, ¿el sindicalismo organizado? ¿Escribió Jehová ese libro del Capital? ¿Escribió que Su Decálogo debía interpretarse dialécticamente oponiéndole contrarios doctrinales?

No, monseñor. Deje que los generales rastrillen, le doy mi palabra que le devolveremos todo el trigo, limpio de malezas. Deje que el diablo haga su trabajo y rece por nosotros, créame que no es una tarea fácil.

 

 

(AUDIO)

Sonidos confusos, explosión, órdenes de toque de queda, sirenas, piano con música patria, como "Aurora", fragmento de una baguala triste, perros que ladran, rock, declaraciones de Martínez de Hoz.

Un teléfono  llama insistentemente.

 

 

Cuando se enciende la luz está la actriz convertida en un personaje con un sombrero de esos que usaban los puritanos, una mañanita, y una toga. Aparece el actor también convertido en un personaje del nonsense con tres o cuatro elementos de vestuario, se mueven como los personajes que representan no como Loisa y el Sargento. (¿Es esto un sueño? ¿Una pesadilla para justificar la pesadilla mayor que es el país estragado por la violencia? El autor no lo sabe y el espectador tampoco, o le dará la explicación que le parezca según su reconstrucción de la situación total, eso no interesa mucho, el teatro no debe explicar nada, no es un tratado sociológico, se limita a ser un ensueño).

 

 

Zorrino:           ¿Es feliz?

 

Madame: Mmm, no sé. Me toma tan de sorpresa, doctor. ¿Por qué?

 

Zorrino:           Para venderle una estampita de San Pantaleón, si no es feliz. Yo tampoco soy feliz, soy desdichado pero me conformo, el mundo también es bastante infeliz.

 

Madame:  Un Dios feliz no pudo haber creado un mundo triste.

 

Zorrino:           Sí, pero no olvide que las criaturas que vivimos en él somos responsables de su infortunio, no podemos echar toda la culpa a Dios, no y no.

 

Madame:   Sin embargo, no me siento responsable de las calamidades naturales que son mil veces más destructivas. No tengo nada que ver con los huracanes, por ejemplo. Yo tampoco inventé la muerte como destino.

 

Zorrino:           ¿Quiere alguna estampita? A veces, sirve para resistir, la fe mueve montañas, dicen…

 

Madame:  Los terremotos, también.

 

Zorrino:           Sea devota, sea buena y le juro que se salvará, todo esto (hace un gesto con los dos brazos como abarcando todo el espacio posible) no es más que ilusión. La verdad está en el espíritu y los dolores sirven para darle valor a la felicidad cuando aparece.

 

Madame:    ¿La muerte también?

 

Zorrino:           Bah, la muerte no es más que la alcahueta de la eternidad, cada fecha es una flecha inquieta que viaja del futuro al pasado.

 

Madame:   Creí que era exactamente al revés.

 

Zorrino:           Nada es exacto, ¿qué quiere decir con "al revés"?

 

Madame:    Creí que el tiempo iba del pasado al futuro.

 

Zorrino:           Es otra ilusión, las cosas ya sucedieron, toda la historia no es más que un recuerdo, vamos hacia el pasado y cuando lleguemos a la meta todo volverá a la tranquilidad.

 

Madame:  ¿Allí terminará todo?

 

Zorrino:           No hará falta, porque  la Historia tendrá la bondad de no empezar. Nuestra memoria le servirá de escarmiento.

 

 

(AUDIO)

Sirenas estridentes, la luz se fue extinguiendo cuando se enciende un reflector que apunta al público, barre la platea hasta que se detiene en una persona, se escucha una voz de mando que dice: -"¡Quieto ahí! Lo estamos apuntando! ¡Documentos!"

 

 

ACTO CUATRO:

 

Abre Vivaldi, 3er movimiento (Allegro) de "El invierno" de las Cuatro Estaciones, medio minuto.

 

(AUDIO-IMAGEN)

Luego en total silencio reanuda la pantalla, esta vez con un militar de espaldas haciendo el siguiente interrogatorio y cuando termina, el Sargento, que está sentado escuchándolo, empieza su alegato ya con la luz y la pantalla vacía.

 

Militar:           

¿Cómo es posible que un militar tan meritorio como usted haya caído en esa trampa, sargento? ¿Me puede explicar? Usted sabe que nosotros no podemos cometer la debilidad de equivocarnos, hay un reglamento que es más sagrado que el catecismo, allí dice qué se debe y qué no se debe hacer. Usted sabía perfectamente que estas cosas no están permitidas, se lo puso a cargo de la custodia de los… detenidos. Sabe lo que significa eso? Vigilancia, control. Usted es el ojo del Estado en este lugar. ¿Cómo se permitió esto? ¿Qué creyó, que estaba en una colonia de vacaciones? Esa gente es extremadamente peligrosa, parecen indefensos pero están ahí para corroer las conciencias, para hurgar información. Le exijo que solucione este asunto, pero la solución debe ser tan grave como el problema, ¿me entiende? Y no me venga con sentimentalismos, un soldado únicamente ama a la patria, lo demás es debilidad, flojera, demuéstrenos que está por encima de eso.

 

Sargento:        ¡Meses  y meses esperando órdenes! Acá solamente el silencio, ¿sabe lo que es el silencio sobre el silencio veinte meses? No, allá en el comando sirven a la patria a lo grande, allá nadie se siente abandonado, ¿sabe lo que es el abandono, mi general? Un padre que se fue, una madre que nunca está, una pobre vieja tratando de ser papá, mamá, tía, toda la parentela. ¿Y la Sagrada Familia? Bien, gracias,  allá en las pinturas de la iglesia… nunca fui importante para nadie, siempre me sentí un estorbo. Ella, la enemiga es la única que me trató como una persona y no como un subalterno.

 

Loisa:  (Entrando, con una bolsa de papel, se le nota un pequeño embarazo)         Hola.

 

Sargento:        (Visiblemente nervioso) Hola.

 

Loisa:  ¿Qué pasa?

 

Sargento:        Nada, es que… nada, nada.

 

Loisa:  No pregunto.

 

Sargento:        A veces, es lo mejor.

 

Loisa: No lo creo, pero no pregunto.

 

Sargento:        ¿Y mi bebé?

 

Loisa:  ¿Y mi bebé?

 

Sargento:        Ya te dije: no sé nada.

 

Loisa:  (Se le acerca, lo acaricia) Ahora te entiendo, yo tampoco sé qué pasó. No entiendo nada.

 

Sargento:        No más mentiras.

 

Loisa: No, por favor. Todo este armazón de la Argentina ya es una mentira…

 

Sargento:        Los entregan. (Lo dice abruptamente como quien se quita un peso enorme)

 

Loisa:  ¿A quiénes ?

 

Sargento:        A los niños capturados, a tu hijo, por ejemplo. El Ejército asigna los chicos a militares o amigos para adopción.

 

Loisa:  Pero no es legal…

 

Sargento:        (Sonriendo) Qué ingenua sos ... Ellos gobiernan.

 

Loisa:  Pero los chicos tienen familiares, tienen documentos, tienen nombres y apellidos.

 

Sargento:        Ellos tienen el poder, jueces, ministros, secretarios de acción social. Es así, yo no quería amargarte, no quería hacer sufrir a mi bebé (acaricia la panza a Loisa). No quería, pero no importa lo que yo quería o no quería, juré que basta de mentiras.

 

Loisa:  ¿Y mis amigos? ¿Y Juan Carlos?

 

Sargento:        Un mes después que llegaste…

 

Loisa:  ¿Los mataron?

 

Sargento:        Más o menos; quiero decir, vinieron a buscarlos, se los llevaron.

 

Loisa:  ¿Se los llevaron?

 

Sargento:        No sé adónde, es la estrategia, nadie sabe lo que sabe el otro, únicamente el comando tiene todos los datos.

 

Loisa.  ¿Y yo? ¿Qué pasó conmigo?

 

Sargento:        No sé, no estabas en la lista. Le pregunté al mayor que vino a realizar el traslado, me dijo "No está en esta lista". Y después venían otros prisioneros, otras listas pero no figurabas en ninguna…

 

Loisa:  No estoy en ninguna lista.

 

Sargento:        En esta, ni en las otras.

 

Losa:               ¿Y dónde estoy?

 

Sargento:        ¿Me querés… todavía? ¿Un poquito?

 

Loisa:  No sé.   

 

Sargento:        ¿Y a nuestro hijo?

 

Loisa:  (Sonríe) Soñé con mi papá, mirando la ventana, viendo crecer a mi hijo.

 

Sargento:        ¿Cuál?

 

Loisa:  Los dos son mis hijos (Lo dice firme). ¿Sabés qué, Francisco? Me voy a defender … hasta el final… hasta la última gota de sangre.

 

Sargento:        Estoy con vos, ahora.

 

Loisa:  ¿Y el Ejército?

 

Sargento:        Siempre fui un huérfano más en el ejército. No me quiere...

 

Loisa:  Yo sí te quiero… Un poquito…

 

Sargento:        ¿Muy poco?

 

Loisa:  Un poquito.

 

Sargento:        ¿Y el bebé, me quiere?

 

Loisa:  Otro poquito.

 

Sargento:        Ya tengo lo que necesito.

 

Loisa:  En el sueño, papá miraba a través de la ventana… son extraños los sueños… yo estaba en la cocina, no lo veía pero sabía que era mi hijo, y de repente papá se levantó de la silla y miró hacia afuera con cara de espanto… no sé si era toda la indignación que sintió cuando comprobó que sus amigos lo habían estafado, o si algo horrible le sucedió a mi hijo. Algo fatal, espantoso…

 

Sargento:        Tranquila, yo estoy aquí.

 

Loisa:  Entonces me desperté. O no sé, tal vez esto que estamos viviendo sea la verdadera pesadilla, Francisco.

 

Sargento:        Pase lo que pase quiero que sepas que nunca… (ella le tapa la boca)

 

Loisa:  No,… por favor.

 

 

(AUDIO)

Se escuchan tiros, ruidos de autos.

 

 

Loisa:  (Mirándolo) ¿Qué pasa?

 

Sargento:        Tranquila, estoy aquí.

 

De nuevo ruidos de motores.

 

Loisa:  ¿Hay algo que yo no sé? (Mirándolo fijo) Es la misma mirada de mi papá en el sueño. ¿Qué pasa?

 

Sargento:        El mando sabe todo. Saben que estás embarazada, saben que vos y yo…

 

Loisa:  ¿Qué te ordenaron hacer?

 

Sargento:        Barrerte.

 

Loisa:  ¿Me vas a matar?

 

Sargento:        No.

 

Loisa:  Salváte, por favor.

 

Sargento:        No;  ya se van a olvidar.

 

Loisa:  El odio no olvida, nunca olvida. Estoy perdida.

 

Sargento:        No. Yo jamás te haría daño.

 

Loisa:  Pero, ¿acaso no entendés?

 

 

(AUDIO)

Sirena, patrulleros, ruidos metálicos de algo que corta una y otra vez en forma machacona y atroz.

 

 

Sargento:        Entiendo todo, nunca vi tan claro:  sos lo único que vale la pena , lo único que me importa…

 

Loisa:  Ahí tenés el arma Francisco, dame un tiro en la cabeza, quiero que te salves.

 

Sargento:        No.

 

(AUDIO)

Voces desde afuera hasta que un megáfono ordena:

 

 

-  Sargento Ortiz, preséntese ante la superioridad en forma urgente!

 

Loisa: (Le quita el arma del uniforme y se la pone en la mano) Es fácil, un tiro acá (señala la sien) y te salvás vos, para cuidar a tus hermanos.

 

Sargento:        No me quiero salvar para ser como ellos. No, por favor por ese poquito que me querés, no me pidas más.

 

Loisa:  Francisco… francisquito.

 

 

 

 

(AUDIO)

- Último aviso Sargento Ortiz: salga de inmediato con las manos en alto, entréguese o vamos a reprimir!

 

 

Se escucha Vivaldi, ellos se abrazan suavemente.

Se escuchan golpes como de una puerta que se derriba, luego tiros y la oscuridad final, sólo queda Vivaldi flotando con la música de La Primavera.

 

 

 

F I N

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Alejandro Maciel - 16 de Mayo, 2010, 22:59, Categoría: Escritos
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MARIANO MORENO, PRÓCER IMPENITENTE

LA REVOLUCIÓN DE MARIANO MORENO

 

Por desgracia, la historia que nos enseñaron en las escuelas proviene de los almácigos liberales sembrados por don Bartolomé Mitre en el siglo XIX. Al publicar su canónica “Historia de Belgrano” el historiador~presidente diseñó una línea historicista que después repitieron como un catecismo los textos escolares y las célebres revistas “didácticas” Billiken y Anteojito.


En este horizonte flaco la Revolución de Mayo  quedó reducida a una especie de kermesse colegial con la negra vendedora de mazamorra, el farolero, las damas de miriñaque y los señores de levita. Como convenía no olvidar las condiciones meteorológicas, tan importantes en una revolución, nos contaron que llovía y la gente usaba paraguas gritando frente al Cabildo. Esta reseña acrítica y colorida tiene tan poco de la verdad como los relatos de Blancanieves, los enanos y la manzana embrujada.


Posteriormente toda una corriente de historiadores revisó el relato mitrista, cotejó los  viejos documentos y halló otras explicaciones para la Revolución de Mayo, más emparentadas con las condiciones económicas de la colonia española y sus factores de poder.

Después del marxismo resulta imperdonable cualquier visión del pasado que deje de lado románticamente los sistemas de explotación del trabajo y la lucha de clases que acarrea. Por eso me sorprende que en Corrientes toda la historiografía clásica siga esa línea perimida de una sucesión de caudillos elevados a la hipóstasis de próceres, cuando  analizando con un poco de sentido común sus políticas no se descubre más que una ristra de granujas que sólo perseguían perpetuar la miseria de las masas, la postergación de la educación, la marginalidad y el condominio crápula de una camarilla que alternaban en el poder manejando la Provincia como si fuese una estancia. ¿Quiere la ínsita lectora alguna prueba de lo que digo? Averigüe cuántas escuelas fundó Juan Ramón Vidal en los casi 70 años que gobernó directa o indirectamente nuestra provincia de Corrientes (1886-1940). Si mis lecturas no mienten, únicamente fundó la Escuela Normal para las señoritas de la ciudad capital.

En las antípodas de este concepto aristocrático y caudillista estuvo el malogrado líder intelectual de la Revolución de Mayo, el doctor Mariano Moreno. Provenía de una familia pobre, se educó en la Universidad de Chuquisaca cuando en Buenos Aires no había educación superior.

En la biblioteca del colegio San Carlos donde cursó estudios tradujo el “Contrato Social” del ginebrino J. J. Rousseau. Veamos brevemente un fragmento del libro que inspiró también la Revolución Francesa: “de todas las formas de gobierno, la democracia necesita alguna igualdad de categoría en la riqueza de los ciudadanos, sin lo cual la igualdad en derechos y autoridad no podría subsistir mucho tiempo.

En este sistema (democracia) el lujo estorba, porque el lujo es efecto de la riqueza y la hace necesaria; y la riqueza excesiva corrompe por igual al rico y al pobre, al uno por la posesión y al otro por la envidia; entrega la patria a la molicie, a la vanidad. El lujo arranca al Estado sus ciudadanos para esclavizarlos unos a otros y todos a la opinión que es la regente de quien todos viven pendientes”. (Capítulo IV).

Mariano Moreno pensó la revolución como un proceso de cambio de las condiciones de producción económica ya que en Potosí vivió y palpó en forma directa la cruel explotación de los mineros reducidos a condiciones bestiales. Pensó, tal vez un poco ingenuamente, que si los recursos estuviesen en manos de criollos y nativos, las condiciones laborales mejorarían y los bienes conseguidos serían invertidos en el país. ¿Podemos juzgarlo utópico? Lo admito, si también admitimos que la colonia tenía instituciones caducas basadas en el centralismo de una metrópolis que estaba allende el océano. De las formas de gobierno que describía Rousseau en su “Contrato” don Mariano defendía con ahínco la opción democrática (gobierno de todos para todos) frente a otros líderes como Belgrano que se inclinaba por la monarquía, (gobierno de uno, el rey, por encima de las instituciones) y de Cornelio de Saavedra que impuso una especie de oligarquía (gobierno de unos pocos) criolla que después se perpetuaría en los feudos provinciales generando el caudillismo que es la enfermedad política de los viejos cacicazgos autonomistas y liberales desangrándose en la Provincia durante un siglo defendiendo trapos de colores ya que las ideas que sustentaban eran básicamente las mismas: mantener el poder en un clan de escogidos para defender privilegios de clases y dejando a la población huérfana de educación, salud y justicia.

 

Alejandro Maciel, Buenos Aires, 2010.

Por Alejandro Maciel - 2 de Mayo, 2010, 1:59, Categoría: General
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EL PARQUE DE LA ETERNA SERENIDAD

REQUIESCAT IN PACEM:

LA MUERTE PRIVATIZADA

Recientemente en un almuerzo me comentaron que un familiar cercano que había fallecido fue sepultado en uno de esos inhóspitos e impersonales "cementerios privados" que trajo la ola nórdica como novedad para no dejar huérfano de márketing al más allá. Detesto esas modernas praderas fúnebres más parecidas a un campo de golf que a un cementerio. Nada tiene relieve, las almácigas de hierbas de vivero florecen tan ordenadamente que parecen un set para algún film de Disney Channel. La muerte pasa anónima en esos pastizales con azafatas que importunan constantemente ofreciéndonos servicios de catering, té, café y hasta bebidas alcohólicas, como si uno hubiese salido de picnic. Nada alude a dolor y muerte, los finados se convierten en los "seres queridos" para evitar evocarlos con nombres y apellidos. Los mismos sitios ostentan títulos casi ridículos como "jardín" al que sólo parece faltarles los crisantemos y enanos de yeso; "parque de la serenidad" que es el título más propio de un spa, "memorial", como si fuese el asiento contable de un balance financiero.

Los muertos allí "descansan" como si mañana despertarán, se cepillarán los dientes y vendrán a tomar mates con los deudos, que por supuesto, jamás se deben mencionar con ese título, ¿para qué están las palabras más decorosas como "allegados" o "visitas"?

Todo, desde el arco de la entrada hasta la oprobiosa extensión de césped (que debe de ser artificial, como todo allí…) y las minúsculas fichas señaléticas con el nombre del difunto, todo me resulta odioso y absolutamente repulsivo. Esa sistemática domesticación de la muerte a través de alusiones indirectas y un romántico retorno a la naturaleza profundizan la sordidez del miserable destino humano. Lejos de amortiguar el dolor y la consternación que produce naturalmente cualquier muerte, estos boliches funerarios amplifican la señal y la mecanización comercial que impera en todas las operaciones y movimientos de esos "parques" la hace casi deshonesta, en el sentido más lúgubre de esta palabra.

Desde pequeño, cuando decían "parque" inmediatamente mi mente asociaba con un sitio de diversiones lleno de juegos y tómbolas para ganar chucherías. Sospecho que los ejecutivos de mercadeo de estas empresas también lo saben, e intentan anestesiar mi dolor haciéndome creer que iré a subir a la calesita en lugar de rendir el póstumo homenaje que se merecen los muertos que enterramos con pena y amargura.

Mis grandes amigos Coriolano Fernández y Lala Galatti, ambos profesores de filosofía de la UBA, me aseguraban la semana pasada, sentados en un bar frente a una napolitana con albahacas, que yo también tengo un alma inmortal. Me niego a aceptar esa calumnia.

Alejandro Maciel.

Por Alejandro Maciel - 13 de Enero, 2010, 1:23, Categoría: General
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BICENTENARIO DE LA LIBERTAD CONDICIONAL ARGENTINA

BICENTENARIO Y MEMORIA

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Se aproxima el inicio del 2010, año emblemático para la Argentina ya que concita el interés de rememorar la Revolución de Mayo, punto de partida institucional de nuestra Patria. En otro momento, en un foro, propuse a los colegas escritores, artistas, historiadores e intelectuales comentar públicamente qué está haciendo cada cual para celebrar estos 200 años de vida independiente, con todos los matices y cautelas que esto pudiere generar en el amplio abanico ideológico que todos conocemos.

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Por mi parte comento que estoy escribiendo una novela de ficción histórica sobre Mariano Moreno, el malogrado líder intelectual de la Revolución de Mayo. Basta hurgar un poco en los libros de historia para asombrarse revisando las huellas de nuestro pasado social, muy lejos de las recreaciones escenográficas que nos enseñaron en la primaria, con una Revolución reducida a paraguas, negras mazamorreras, señores de levitas y damas con miriñaque paseando frente al Cabildo.

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Nunca nadie me explicó por qué el Cabildo, qué función tenía este edificio que nos hacían dibujar entre lazos, cintas azul y blancas y frases tautológicas. Las insignes revistas “educativas” Billiken y Anteojito fomentaban esta kermesse patria llena de pintoresquismo de postal y casi  vacía de contenidos. La historia según san Mitre, siguiendo la tradición liberal, se ocupaba de explicar los hechos por medio de figuras de próceres y obviamente los personajes incómodos como Moreno pasaban a desempeñar roles de figurantes como esos soldados de los coros de ópera que se mantienen firmes y mudos sirviendo de relleno al decorado que necesitan los protagonistas. Mariano Moreno fue el indiscutido líder intelectual de la Revolución de Mayo, pero su extremismo digno de los cordeliers que proponía llevar los cambios hasta sus últimas consecuencias económicas y sociales, no convenía al relato de Bartolomé Mitre cuya línea de libertad liberal todos conocemos si vivimos los tiempos de Martínez de Hoz y Menem y tenemos un poco de memoria.

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¿Han visto, amable lectora, querido lector, lo importante que sería debatir ideas en este año emblemático? ¿Qué aportes hizo Corrientes a la Revolución de Mayo? ¿Cómo nos afectó? Por desgracia, hasta que viví en Corrientes, todos los textos canónicos de historia correntina siguen la misma línea de una sucesión de héroes y próceres que “explican” nuestra evolución histórica; pocos autores rozan siquiera el análisis de los medios de producción económica y su influencia para determinar acciones políticas; es como si ingenuamente creyésemos que Corrientes se mantuvo firme gracias a benefactores que cualquier análisis hace dudosos. 70 años de caudillismo de Juan Ramón Vidal no se tradujeron en escuelas, salud pública y adelantos productivos: los textos se enredan en explicaciones de luchas de poderes entre caciques, una especie de riña de comadres de Jockey Club en las que el pueblo está decididamente ausente y los mismos apellidos ruedan como los condenados de los círculos del Dante en un infierno sin principio ni fin.

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Textos, documentos, opúsculos y publicaciones vuelven una y otra vez con la misma historia de una camarilla de comandantes con la visión miope de capataces de estancia perpetuando un feudalismo decadente y canalla.

Estos 200 años son una excelente ocasión para volver a revisar el tema de nuestro pasado común, breve pero accidentado.

 

Alejandro Maciel, ENERO 2010.

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El Cristianismo está detrás de las pistas de un crimen perfecto. Dios es el asesino. Si consintió que se matase a su Único Hijo para purgar los delitos del vecindario, ¿por qué habría de tener más indulgencia con nosotros, que sólo somos sus bastardos?

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E mail: talomac@gmail.com

Por Alejandro Maciel - 9 de Enero, 2010, 14:51, Categoría: Escritos
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PARA UNA LETRA DE CHAMAMÉ

  

LAS PENAS

DEL TABACAL

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Tantas pencas de tabaco

Lleva don Ambrosio Lugo

Que las manos como hojas,

son nervios de humo oscuro.

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Lleva su carga en el hombro

Como quien su orgullo lleva

Va cantándole bajito

A eso que llama su pena.

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Pena y pencas se hacen humo

Cuando canta Ambrosio Lugo

Fuma su pucho despacio

Que el pobre no tiene apuros.

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Cuando el sol enero incendia

La tierra se quiebra entera

Y don Ambrosio cosecha

Grandes hojas hechas pencas

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Hojas verdes y amarillas

Perfumadas de cansancio

Mientras la piel se le vuelve

Tostada como el tabaco.

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Tabacal no da cobijo

Es un sol que siempre quema

Cuando ya no quedan huesos

deja el alma en humareda.

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alejandro maciel 2009.

Por Alejandro Maciel - 14 de Diciembre, 2009, 14:30, Categoría: Escritos
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