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Fragmento del cuento "La lengua de los ratones" que estamos escribiendo con Amanda Pedrozo (Paraguay)

Cuento para niños canallas (con Amanda Pedrozo, de Paraguay)




Desde Buenos Aires, Argentina

escribiendo

un cuentico

para chicos, con la alegría

de hacerlo con Amanditita

de Paraguay.



En la orilla del mapa del Paraguay existe una ciudad donde nació Mangoré, un guitarrista muy famoso (tanto que las fotos de Mangoré andan por los teatros y los libros de todo el mundo) y donde sucedió esta historia que vamos a contar.

En San Juan Bautista de las Misiones también nació un mita'i que se llama Juan Ángel pero como nadie creería que ese mita'i, que siempre anda carachento y silba como el Pombero es un ángel, todos en San Juan Bautista de las Misiones, y hasta en San Ignacio y Ayolas le dicen “Canallita”.  

 

Canallita decía de todo el mundo que no tenía pelos en la lengua y por eso llamaba a todas las cosas por su nombre. Sin embargo, tenía callos en la lengua de tanto hablar sin ton ni son. Ton era su amigo de la escuela, Son era su amigo de la calle. Por ahí andaban juntos a veces pero a veces no, y cuando a veces no, eran las veces que Canallita hablaba sin ton ni son.
Un día, el cura Florentín (el mismo que si no toca la corneta, toca el flautín) mandó llamar a Canallita a la parroquia. Pa'i Florentín le pidió que le consiguiera un gato, de esos fieros de tan callejeros, lo quería para que se comiera a los ratones que se reproducían a velocidad cohete. Había en la parroquia tantos ratones que los fieles que iban a misa ya no podían comulgar: ¡Las hostias desaparecían en un santi-amén! 
-¿Pero porqué los ratones tienen tantos hijos-ratoncitos? -preguntó Canallita, comiéndose una manzana primero, luego una pera, después una masita, a medida que el cura iba estironeándole de las manos todo lo que se llevaba a la boca, aunque ya estuviesen a medio comer. Hay que ver lo mezquino que era el cura, nadie sabía porqué, ya que todo lo que tenía eran cosas que le regalaban las mujeres piadosas de la parroquia, ¡hasta las frutas y su ropa interior bordadas con tanto amor! 
-¡Te digo que me traigas un gato! -gritó fuera de sí Pa'i Florentín.
-Bueno, pero quiero saber porqué tienen tantos ratoncitos -insistió Canallita, que nunca dejaba que le respondiesen con nada. 
-Y porque, porque... ¡porque no comulgan y son animales!
-Bueno, pero ¿acaso nosotros también no somos animales? Porque la maestra nos dijo que los hombres somos del reino animal -le respondió Canallita.
-Eh... sí, pero nosotros somos hijos de Dios, y Dios nos manda los hijos. Y ahora, ¡quiero un gato! Y no preguntes cosas que son asuntos de los mayores. La gente se casa para tener hijos, no como los ratones.
-Entonces mi mamá es ratona. Porque no se casa pero tiene 5 hijos. ¿El gato se puede comer a mi mamá?
-¡Fuera! ¡Y traéme el gato, hoy mismo!
 
--
 
Anduvo dando vueltas Canallita, sin ton ni son. Por no parar de hablar, empezó a contarles de todo a los ratoncitos que le seguían porque habían escuchado la conversación con el cura y sabían que la misión del niño era encontrar un gato para la parroquia. Pensaban intervenir en la elección del gato, con justo derecho considerando que los comidos iban a ser ellos. Al fin y al cabo, ¡cada uno elige por quién quiere ser comido! O al menos, así debería ser. Se cruzaron con cientos de gatos, y como Canallita no paraba de hablar, ya se había hecho amigo de los ratones, es que le encantaba que le escuchen. Tanto anduvo rebuscando por las calles de San Juan Bautista de las Misiones que se gastó la suela de su ojota y el talón se le puso colorado por los picones de hormigas y las piedras calientes. Pero, ¡no pudo cazar un solo gato atorrante! Cuando los llamaba, los muy tunantes olfateaban el aire y salían corriendo con las colas paradas. Pareciera como si adivinaran que Canallita los quería cazar y seguramente los gatos atorrantes, ya que vivían en las calles, no querían pasar el resto de sus vidas en la iglesia oliendo velas y con un cura que se pasaba el día rezongando por esto y por lo otro.

Por otra parte Canallita se preguntaba: ¿Cómo podría encontrar un gato si continuamente lo acompañaba una comparsa de ratones, ratitas y hasta ratotas? Era muy extraño eso de sacar ratones de la iglesia, pasearlos por toda la ciudad y pretender conseguir gatos de regalo. ¡Este cura pedía cada cosa!

El cura está chiflado

Quiere gatos~sacristanes

Cazados o robados

Los ratones montan guardia

Los viernes y los sábados.

Tanto se cansó de andar y contar que al recostarse en el fresco de la tarde bajo un lapacho de la plaza grande, Canallita se quedó dormido.


(El cento continúa, pero para muestra vale el botón)  abril 2009. Buenos Aires/Asunción.

 

Por Alejandro Maciel - 6 de Abril, 2009, 3:05, Categoría: Literatura infantil
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