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EL ORO DE FAMATINA

/ EL ORO DE FAMATINA / 1. Bernardino Rivadavia, 1837 2. La vieja actiz hoy cherinola (la “Chonga” Olga Ponce) 3. Ventura, la más vieja de las criadas 4. Vicenta, la criada más joven 5. El padre Adán 6. Martín Rivadavia, el hijo menor ACTO 1 Ambiente decadente de la sala de lo que fue una fastuosa mansión. Con ménsulas doradas, capiteles, cortinas de brocato, detalles de un paño de pared hechos en telgopor y colgantes de la parrilla bastarán para insinuar las glorias pasadas del salón hoy derruido. Una gotera insistente caerá como si fuese el péndulo de un reloj que marca el ritmo de la decadencia. Las sillas y el poco mobiliario costroso dejarán ver que la penuria económica ronda a los habitantes. El fondo debe diseñar alguna forma de infinito prolongándose hacia el más allá si fuese necesario. No se requieren recursos fastuosos ni los necesitamos, bastará con agitar la imaginación del visualizador de la obra para conseguir efectos casi mágicos. La decadencia siempre es un modo fantástico de ver el derrumbe propio de todo ser humano que se encamina lentamente a la muerte por más felicidad que consiga acumular durante la vida. Hay una música obsesiva cuando se inicia, algo que fue un minué pero tan deformado como si lo tocase en un teclado de un piano desafinado alguien absolutamente indigno de la música, como yo. (Obra de teatro sobre la vida de Bernardino Rivadavia en el exilio, en Colonia del Sacramento, 1837. Rivadavia fue presidente desde febrero 1826 a junio 1827) Olga viste de un modo algo estrafalario, aún para la época de 1830: sombrero con plumas vistosas, flores, tules, abalorios; ropa de seda negra, boa de marabúes y su risa quiebra cualquier intento de solemnidad. La sala donde conversan tiene aspecto desolado: el mobiliario es viejo, desvencijado, polvoriento; el mantel de la mesa está roído, hay libros desparramados, trastos a medio cubrir con lienzos y telas bastas, gotea rítmicamente agua en una palangana. Rivadavia mantiene el porte orgulloso de quien cree en sí mismo a pesar de todo, habla como si estuviese diciendo un discurso ante una asamblea solemne, ríe discretamente con su vieja amiga, mientras sorbe una bebida que ambos comparten. .....

Por Alejandro Bovino Maciel - 2 de Febrero, 2014, 23:47, Categoría: Escritos
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